No es ninguna manía, pero tengo tendencia a acumular papeles, a guardar documentación generada en las comisiones y reuniones a las que me convocan y participo.
De la Comisión Nacional y Consorcio del Bicentenario debo tener guardados algo más de mil folios. Y también guardé, hasta ayer mismo, los que recibí de Diputación cuando se preparaba el Tricentenario del traslado de la Casa de Contratación a Cádiz, las propuestas de todo tipo que hicieron instituciones y empresas para la conmemoración, sobre los que emitimos informes y sugerencias, y que, mayoritariamente se quedaron en agua de borrajas.
Tras recordar muchas buenas propuestas que quedaron en nada, lleve al contenedor de reciclaje de papel algo más de trescientos folios.
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sábado, 23 de febrero de 2019
sábado, 23 de diciembre de 2017
El fiasco del Meridiano de Cádiz
Hace un año, el 20 de diciembre de 2016, hice una entrada sobre el meridiano de Cádiz, y, confieso, que la hice intuyendo que, entre los proyectos del Tricentenario del traslado de la Casa de Contratación a Cádiz, el que planteaba trazar en la ciudad la línea del meridiano de Cádiz, no se desarrollaría finalmente, pese a haberse anunciado, casi a bombo y platillo; incluso uno de los escaparates, convertidos en paneles explicativos, situado en la actual avenida 4 de diciembre de 1977, lo anunciaba:
Y hay que decir que este fiasco se ha producido, no por falta de iniciativas y alternativas a la financiación, sino por falta de interés colaborativo de un particular.
Me explico. En junio del 2016 recibí una llamada de Antonio Cabrera citándome en la taberna La Manzanilla, donde nos reunimos con Jesús Oliden y Juan García, director y consejero, respectivamente, de Aguas de Cádiz. En la reunión se trató el proyecto que Antonio lleva años pensando (desde que en marzo de 2008 hizo la primera propuesta a través del Grupo Municipal Socialista en el ayuntamiento): que Cádiz conmemorara su Meridiano.
En esa primera reunión decidimos que lo mejor era señalar el Meridiano en la ciudad, con una línea de chinchetones metálicos anclados en el suelo, y unos pequeños monolitos explicativos, desde el Campo del Sur, a las murallas de San Carlos, siguiendo el trazado del meridiano según los planos de Vicente Tofiño de 1789.
Para ejecutar el proyecto, se pensó establecer un convenio con la UCA para tener respaldo académico; se plantearon reuniones con técnicos de la oficina de urbanismo municipal para el trazado y la instalación; se estableció contacto con una empresa metalúrgica de la provincia que colaboraría en la fabricación de los chinchetones. Mientras, buscamos documentación escrita y gráfica de los siglos XVIII y XIX y, con todo el material, redacté una memoria histórica.
Concluido el proceso de estudio, desde Aguas de Cádiz, con la firma de Manuel González Bauza, como presidente del Consejo de Administración, se elaboró una propuesta para elevarla a la Junta de Gobierno Local. Pero, antes de presentarla, tuvimos conocimiento de que en empresario gaditano, Miguel Ramos, estaba planteando una propuesta similar, por lo que decidimos establecer contacto con él, para aunar esfuerzos. Mantuvimos una reunión en la que llegamos a un acuerdo, tanto es así que después Miguel nos invitó a conocer las obras del hotel que estaban construyendo en la Casa de las Cuatro Torres y nos regaló el folleto sobre el Meridiano que había escrito.
La sorpresa vino días más tarde, cuando Miguel Ramos llamó a Jesús para decirle que rechazaba la colaboración. De inmediato hubo reunión de urgencia, en la que la empresa municipal planteó que no era conveniente competir con una iniciativa privada, por lo que decidimos suspender nuestra iniciativa.
Posteriormente, y de forma personal, asistí a algunas reuniones de proyectos sobre el Tricentenario, en las que se anunciaba el trazado del Meridiano como una iniciativa empresarial privada, incluso presentando la maqueta de un monumento...
Pero, lo cierto, es que el año del Tricentenario se acaba y el Meridiano de Cádiz no se ha trazado, ha sido un fiasco.
Y hay que decir que este fiasco se ha producido, no por falta de iniciativas y alternativas a la financiación, sino por falta de interés colaborativo de un particular.
Me explico. En junio del 2016 recibí una llamada de Antonio Cabrera citándome en la taberna La Manzanilla, donde nos reunimos con Jesús Oliden y Juan García, director y consejero, respectivamente, de Aguas de Cádiz. En la reunión se trató el proyecto que Antonio lleva años pensando (desde que en marzo de 2008 hizo la primera propuesta a través del Grupo Municipal Socialista en el ayuntamiento): que Cádiz conmemorara su Meridiano.
En esa primera reunión decidimos que lo mejor era señalar el Meridiano en la ciudad, con una línea de chinchetones metálicos anclados en el suelo, y unos pequeños monolitos explicativos, desde el Campo del Sur, a las murallas de San Carlos, siguiendo el trazado del meridiano según los planos de Vicente Tofiño de 1789.
Para ejecutar el proyecto, se pensó establecer un convenio con la UCA para tener respaldo académico; se plantearon reuniones con técnicos de la oficina de urbanismo municipal para el trazado y la instalación; se estableció contacto con una empresa metalúrgica de la provincia que colaboraría en la fabricación de los chinchetones. Mientras, buscamos documentación escrita y gráfica de los siglos XVIII y XIX y, con todo el material, redacté una memoria histórica.
Concluido el proceso de estudio, desde Aguas de Cádiz, con la firma de Manuel González Bauza, como presidente del Consejo de Administración, se elaboró una propuesta para elevarla a la Junta de Gobierno Local. Pero, antes de presentarla, tuvimos conocimiento de que en empresario gaditano, Miguel Ramos, estaba planteando una propuesta similar, por lo que decidimos establecer contacto con él, para aunar esfuerzos. Mantuvimos una reunión en la que llegamos a un acuerdo, tanto es así que después Miguel nos invitó a conocer las obras del hotel que estaban construyendo en la Casa de las Cuatro Torres y nos regaló el folleto sobre el Meridiano que había escrito.
La sorpresa vino días más tarde, cuando Miguel Ramos llamó a Jesús para decirle que rechazaba la colaboración. De inmediato hubo reunión de urgencia, en la que la empresa municipal planteó que no era conveniente competir con una iniciativa privada, por lo que decidimos suspender nuestra iniciativa.
Posteriormente, y de forma personal, asistí a algunas reuniones de proyectos sobre el Tricentenario, en las que se anunciaba el trazado del Meridiano como una iniciativa empresarial privada, incluso presentando la maqueta de un monumento...
Pero, lo cierto, es que el año del Tricentenario se acaba y el Meridiano de Cádiz no se ha trazado, ha sido un fiasco.
miércoles, 1 de noviembre de 2017
Sabores
Con material -facsímiles- procedentes de distintos archivos e instituciones, fundamentalmente del Archivo General de Indias, se explica el impacto de la colonización española de Filipinas y sus efectos en los hábitos alimenticios, no solo en Filipinas, también en España y América.
A destacar la importancia de las especias de Oriente, que tanto buscaron los europeos y propició la apertura de rutas de intercambio mercantil, con Filipinas, en el caso español, como eje fundamental.
Y muy interesantes los documentos que informan sobre los aprovisionamientos de los buques que hacían la navegación entre España, Filipinas y América.
También los recetarios filipinos, muestras de la fusión culinaria.
miércoles, 18 de octubre de 2017
Las murallas de Cádiz y el comercio. Exposición
Excelente trabajo de REBOMBO Estudio, un equipo de creación, diseño e ilustración, formado por Raúl Gómez y Raquel Jove, que han recreado, sin perder rigor informativo histórico, la vida gaditana del siglo XVIII, partiendo de las murallas y a través del comercio, para ilustrar la llegada de la Casa de Contratación a Cádiz en 1717, la creación de otras instituciones, como el Colegio de Cirugía o el Observatorio, sin olvidar la sociedad de la época, la vida cultural, los vendedores ambulantes o la esclavitud.
Ha sido un placer colaborar con REBOMBO.
En la Casa de Iberoamérica. Merece la pena una visita pausada.
martes, 17 de octubre de 2017
viernes, 1 de septiembre de 2017
Mercaderes de la Ilustración
Con motivo del Tricentenario del traslado de la Casa de Contratación de Sevilla a Cádiz, ayer se inauguró, en la fachada del Mercado de la Libertad, "Mercaderes de la Ilustración", una interesante y atractiva exposición realizada por AIP Cádiz (Asociación de Ilustradores Profesionales de la provincia de Cádiz), con el patrocinio de la Fundación Municipal de Cultura, del Ayuntamiento de Cádiz.
Un trabajo colectivo, que reúne 34 obras de otros tantos autores, centrado en ilustrar -nunca mejor dicho- la llegada de productos indianos a Europa, a través del comercio indiano.
Cada ilustrador ha escogido un producto, desde el tomate a la trata de esclavos, pasando por el cacao, el azúcar o el tabaco, y, con diferentes estilos, dibujan lo que supuso la entrada de esos productos en el mercado y la sociedad española.
Merece la pena pasear con calma por el exterior del Mercado de la Libertad estos días, observando y admirando el trabajo realizado por AIP Cádiz.
Un trabajo colectivo, que reúne 34 obras de otros tantos autores, centrado en ilustrar -nunca mejor dicho- la llegada de productos indianos a Europa, a través del comercio indiano.
Cada ilustrador ha escogido un producto, desde el tomate a la trata de esclavos, pasando por el cacao, el azúcar o el tabaco, y, con diferentes estilos, dibujan lo que supuso la entrada de esos productos en el mercado y la sociedad española.
Merece la pena pasear con calma por el exterior del Mercado de la Libertad estos días, observando y admirando el trabajo realizado por AIP Cádiz.
jueves, 10 de agosto de 2017
1717-2007: la obra de Antonio García-Baquero
No, no se trata de un error, no me he confundido en la segunda fecha, en todo caso trato de corregir lo que me parece un olvido injusto.
En el año 2007, a principios de mayo, murió Antonio García-Baquero González, catedrático de Historia Moderna de la Universidad de Sevilla, uno de los mejores modernistas que ha dado la historiografía española de cualquier época, que fue profesor mío cuando yo empezaba a estudiar Historia y, después, amigo.
Antonio García Baquero dedicó su trabajo de investigación, primordialmente, a la Carrera de Indias, a la fiscalidad y al comercio ultramarino en el siglo XVIII, centrando su trabajo en el papel de Cádiz en dicho intercambio mercantil. Desde su primera investigación, su tesina, dedicada a la decadencia económica de Cádiz tras la emancipación americana -publicada con el antetítulo Comercio colonial y guerras revolucionarias-, hasta su obra cumbre, esencial en todos los sentidos, Cádiz y el Atlántico (1717-1778). El comercio colonial español bajo el monopolio gaditano.
Después vendrían, además de Libro y cultura burguesa en Cádiz: la biblioteca de Sebastián Martínez (1988), nuevos trabajos sobre el comercio indiano, como La Carrera de Indias: suma de contratación y océano de negocios (1992), o El comercio colonial en la época del absolutismo ilustrado (2003), entre otras muchos trabajos.
Sin Cádiz y el Atlántico, donde García Baquero analiza todo el período del monopolio gaditano, conoceríamos mucho menos sobre lo que se quiere conmemorar con el Tricentenario. Editado por primera vez en 1976, Cádiz y el Atlántico, que fue reeditado en 1988 por el Servicio de Publicaciones de la Diputación de Cádiz, sigue siendo una lectura imprescindible para conocer el período que se inició en 1717.
Por eso me parece de justicia, en este año del Tricentenario, recordar a Antonio García-Baquero y su excelente trabajo sobre el comercio ultramarino en el siglo XVIII y sobre la labor de la Casa de Contratación en Cádiz entre 1717 y 1778.
En el año 2007, a principios de mayo, murió Antonio García-Baquero González, catedrático de Historia Moderna de la Universidad de Sevilla, uno de los mejores modernistas que ha dado la historiografía española de cualquier época, que fue profesor mío cuando yo empezaba a estudiar Historia y, después, amigo.
Antonio García Baquero dedicó su trabajo de investigación, primordialmente, a la Carrera de Indias, a la fiscalidad y al comercio ultramarino en el siglo XVIII, centrando su trabajo en el papel de Cádiz en dicho intercambio mercantil. Desde su primera investigación, su tesina, dedicada a la decadencia económica de Cádiz tras la emancipación americana -publicada con el antetítulo Comercio colonial y guerras revolucionarias-, hasta su obra cumbre, esencial en todos los sentidos, Cádiz y el Atlántico (1717-1778). El comercio colonial español bajo el monopolio gaditano.
Después vendrían, además de Libro y cultura burguesa en Cádiz: la biblioteca de Sebastián Martínez (1988), nuevos trabajos sobre el comercio indiano, como La Carrera de Indias: suma de contratación y océano de negocios (1992), o El comercio colonial en la época del absolutismo ilustrado (2003), entre otras muchos trabajos.
Sin Cádiz y el Atlántico, donde García Baquero analiza todo el período del monopolio gaditano, conoceríamos mucho menos sobre lo que se quiere conmemorar con el Tricentenario. Editado por primera vez en 1976, Cádiz y el Atlántico, que fue reeditado en 1988 por el Servicio de Publicaciones de la Diputación de Cádiz, sigue siendo una lectura imprescindible para conocer el período que se inició en 1717.
Por eso me parece de justicia, en este año del Tricentenario, recordar a Antonio García-Baquero y su excelente trabajo sobre el comercio ultramarino en el siglo XVIII y sobre la labor de la Casa de Contratación en Cádiz entre 1717 y 1778.
lunes, 7 de agosto de 2017
Corregido
Escribí no hace mucho, tras leer un panel de los que difunden el Tricentenario en la calle Beato Diego, que hablar de veraneo en el siglo XVIII me parecía exagerado e inadecuado, y trataba de explicar por qué me lo parecía; quien quiera recordarlo, puede verlo aquí.
No sé si por lo que escribí, o por cualquier otra razón, lo cierto es que alguien lo ha corregido, o para ser más exacto, han borrado la frase "ya se veraneaba en Cádiz".
No sé si por lo que escribí, o por cualquier otra razón, lo cierto es que alguien lo ha corregido, o para ser más exacto, han borrado la frase "ya se veraneaba en Cádiz".
sábado, 5 de agosto de 2017
Yo expongo
Con esa corta frase encabezaba Yolanda Vallejo un artículo que, algunos, han considerado excesivo, por personalizarlo, por atribuirse un protagonismo en el texto que, seguramente, la autora no pretendía darle, ya que Vallejo hacía una reflexión lúcida sobre algo que parece evidente: cuando no se puede, no se debe.
Es duro, pero también es cierto que trabajar con pocos medios y con prisas, puede provocar resultados, en parte o totalmente, frustrantes. Y eso es lo que ha podido pasar con las exposiciones del Tricentenario de las que Yolanda Vallejo habla en su artículo.
No me habían hablado bien de la que se puede ver en los claustros de Diputación, pero creo que no está tan mal. Considero que el principal problema es que le sobra espacio y faltan objetos, como evidencia el exceso de piezas de La Caridad que contrasta con la escasez de otras de diferente temática y, sobre todo, la parte final es excesiva. Faltan piezas y contenido, y el espacio expositivo se rellena con cajas y con reproducciones de imágenes muy conocidas, dispuestas como un mosaico, para cubrir un pasillo que, imagino, se hizo largo a los responsables de la exposición. Pero el comienzo y las primeras partes, con una escenografía bien realizada y piezas acordes a lo que se pretendía contar, insisto, no está mal.
La de Unicaja es distinta, aquí me imagino a los responsables acongojados, intentando cubrir tres salas, para las que contaban con escaso contenido y muy poco argumento. Eso explica que, para cubrir las paredes, se haya recurrido a fotografías, sin duda de calidad, pero ya conocidas, a recortar figuras igualmente conocidas, que encajan, unas y otras, en una cronología variable: igual sirven para fines del siglo XVIII, que comienzos del XIX. Sin embargo, sorprende la falta de rigor historiográfico cuando se exponen objetos fuera del contexto histórico de la exposición, piezas del siglo XIX.
Es posible que muchos visitantes desconozcan que Fortuny pintó "La vicaría" en 1870, por lo que el abanico que reproduce la escena quizás pase desapercibido, pero los billetes del Banco de Cádiz, de 1846 y 1847, la prensa y el telescopio del siglo XIX, la factura de 1851, o el juego de café de 1860, entre otras piezas, no deberían estar en una exposición dedicada al siglo XVIII.
Creo que a eso se refería Yolanda Vallejo con su "Yo expongo": si no se puede, no solo no se debe, es que no hay que hacerlo.
Es duro, pero también es cierto que trabajar con pocos medios y con prisas, puede provocar resultados, en parte o totalmente, frustrantes. Y eso es lo que ha podido pasar con las exposiciones del Tricentenario de las que Yolanda Vallejo habla en su artículo.
No me habían hablado bien de la que se puede ver en los claustros de Diputación, pero creo que no está tan mal. Considero que el principal problema es que le sobra espacio y faltan objetos, como evidencia el exceso de piezas de La Caridad que contrasta con la escasez de otras de diferente temática y, sobre todo, la parte final es excesiva. Faltan piezas y contenido, y el espacio expositivo se rellena con cajas y con reproducciones de imágenes muy conocidas, dispuestas como un mosaico, para cubrir un pasillo que, imagino, se hizo largo a los responsables de la exposición. Pero el comienzo y las primeras partes, con una escenografía bien realizada y piezas acordes a lo que se pretendía contar, insisto, no está mal.
La de Unicaja es distinta, aquí me imagino a los responsables acongojados, intentando cubrir tres salas, para las que contaban con escaso contenido y muy poco argumento. Eso explica que, para cubrir las paredes, se haya recurrido a fotografías, sin duda de calidad, pero ya conocidas, a recortar figuras igualmente conocidas, que encajan, unas y otras, en una cronología variable: igual sirven para fines del siglo XVIII, que comienzos del XIX. Sin embargo, sorprende la falta de rigor historiográfico cuando se exponen objetos fuera del contexto histórico de la exposición, piezas del siglo XIX.
Es posible que muchos visitantes desconozcan que Fortuny pintó "La vicaría" en 1870, por lo que el abanico que reproduce la escena quizás pase desapercibido, pero los billetes del Banco de Cádiz, de 1846 y 1847, la prensa y el telescopio del siglo XIX, la factura de 1851, o el juego de café de 1860, entre otras piezas, no deberían estar en una exposición dedicada al siglo XVIII.
Creo que a eso se refería Yolanda Vallejo con su "Yo expongo": si no se puede, no solo no se debe, es que no hay que hacerlo.
martes, 1 de agosto de 2017
Cada trescientos años
No tiene que ver con el Tricentenario gaditano de la Casa de Contratación, pero, al parecer, solo ocurre cada trescientos años:
No sé de dónde ha salido, lo he recibido por whatsapp, pero me parece ingenioso.
No sé de dónde ha salido, lo he recibido por whatsapp, pero me parece ingenioso.
El Tricentenario en inglés
La cartelería que, colocada en escaparates de establecimientos vacíos, explica el Tricentenario, es bilingüe, tiene los textos escritos en español -con letras negras- y traducidos al inglés -con letras rojas.
Es una buena idea, aunque a veces las traducciones son excesivamente literales.
En la calle Novena.
Es una buena idea, aunque a veces las traducciones son excesivamente literales.
En la calle Novena.
lunes, 17 de julio de 2017
Una conclusión interesada
Ya escribí, en otra ocasión, que la iniciativa de "Cádiz, Capitana del Mar" de intervenir en escaparates de comercios cerrados, aprovechándolos para divulgar datos históricos relacionados con el Tricentenario, me parece un acierto que hay que apoyar. Pero también pedía entonces rigor y evitar errores, y hay que insistir en ello cuando se sacan conclusiones precipitadas e interesadas.
Escribo esta entrada tras escuchar algunos comentarios sobre la costumbre del veraneo en Cádiz, ¡en la época del Tricentenario!, comentarios realizados tras contemplar uno de los paneles expuestos en la calle Beato Diego, en el que se puede leer "en el siglo XVIII ya se veraneaba en Cádiz", y para justificar dicho aserto, se publican las imágenes de dos casas, en Conil y Chiclana, del Conde de las Cinco Torres.
El panel, en el que están incluidas las imágenes, sirve para promocionar, legítimamente, un proyecto hotelero en una de las casas de las Cinco Torres, pero la afirmación sobre el veraneo me parece exagerada e inadecuada.
Vayamos por partes. El condado de las Cinco Torres se concedió el 11 de julio de 1773 al cargador de Indias Sebastián Sánchez Franco, a la sazón vecino de Cádiz, pero originario de Conil, por lo que es lógico que en su población de origen tuviera casa, que arregla en 1779. La segunda casa, la de Chiclana, parece ser que se construyó más tarde, en 1797 y por orden -según Domingo Bohórquez- de José Feduche (o Feduchy) Sánchez, por entonces nuevo Conde de las Cinco Torres.
Conviene señalar que, a finales del siglo XVIII, era costumbre, pero minoritaria y muy elitista, de algunos enriquecidos comerciantes gaditanos desplazarse a Chiclana a descansar y tomar las aguas; Antonio Ponz llamó a Chiclana "quitapesares de Cádiz", pero de ahí a concluir, con los ejemplos dados de los condes de las Cinco Torres, que en el siglo XVIII ya se veraneaba en Cádiz, hay un salto mortal muy importante.
Sin olvidar los libros de viajeros de finales del XVIII y primer tercio del XIX, hay que recordar que el veraneo en España se extendió, gracias a la costumbre de los baños en balnearios y, posteriormente, en el mar, a mediados del siglo XIX entre la burguesía pudiente. Para que llegara a todas las clases sociales, habría que esperar casi un siglo más.
Escribo esta entrada tras escuchar algunos comentarios sobre la costumbre del veraneo en Cádiz, ¡en la época del Tricentenario!, comentarios realizados tras contemplar uno de los paneles expuestos en la calle Beato Diego, en el que se puede leer "en el siglo XVIII ya se veraneaba en Cádiz", y para justificar dicho aserto, se publican las imágenes de dos casas, en Conil y Chiclana, del Conde de las Cinco Torres.
El panel, en el que están incluidas las imágenes, sirve para promocionar, legítimamente, un proyecto hotelero en una de las casas de las Cinco Torres, pero la afirmación sobre el veraneo me parece exagerada e inadecuada.
Vayamos por partes. El condado de las Cinco Torres se concedió el 11 de julio de 1773 al cargador de Indias Sebastián Sánchez Franco, a la sazón vecino de Cádiz, pero originario de Conil, por lo que es lógico que en su población de origen tuviera casa, que arregla en 1779. La segunda casa, la de Chiclana, parece ser que se construyó más tarde, en 1797 y por orden -según Domingo Bohórquez- de José Feduche (o Feduchy) Sánchez, por entonces nuevo Conde de las Cinco Torres.
Conviene señalar que, a finales del siglo XVIII, era costumbre, pero minoritaria y muy elitista, de algunos enriquecidos comerciantes gaditanos desplazarse a Chiclana a descansar y tomar las aguas; Antonio Ponz llamó a Chiclana "quitapesares de Cádiz", pero de ahí a concluir, con los ejemplos dados de los condes de las Cinco Torres, que en el siglo XVIII ya se veraneaba en Cádiz, hay un salto mortal muy importante.
Sin olvidar los libros de viajeros de finales del XVIII y primer tercio del XIX, hay que recordar que el veraneo en España se extendió, gracias a la costumbre de los baños en balnearios y, posteriormente, en el mar, a mediados del siglo XIX entre la burguesía pudiente. Para que llegara a todas las clases sociales, habría que esperar casi un siglo más.
viernes, 14 de julio de 2017
Música del tricentenario
Un buen concierto, ayer, en la plaza de San Antonio. El fandango, el bolero y, sobre todo, la cachucha, sonaron muy bien, con los acordes del siglo XVIII muy logrados.
Los textos previos, excesivamente largos y con poca gracia, aburrían al más interesado.
Los textos previos, excesivamente largos y con poca gracia, aburrían al más interesado.
martes, 23 de mayo de 2017
Perogrullada
La entradilla no tiene desperdicio. Si era un concurso escolar, ¿quiénes podían ganar los premios, aparte de los alumnos?
miércoles, 29 de marzo de 2017
No es Carlos IV
El personaje de la imagen no es Carlos IV, es su padre, Carlos III.
La iniciativa de "Cádiz, Capitana del Mar" de intervenir en escaparates de comercios cerrados, aprovechándolos para divulgar historia de Cádiz, ahora con motivo del Tricentenario, me parece un acierto que hay que apoyar.
Pero a veces se deslizan lapsus, pequeños fallos, como datar erróneamente un plano, o este tan simple como añadir un palito más al nombre de Carlos III, que habría que corregir.
Conviene señalar, por demás, que el texto habla de Carlos III, no de su hijo.
sábado, 18 de marzo de 2017
Me precipité
Me precipité y, por ello, pido disculpas.
Cuando leí en la prensa el anuncio de que, en el Museo de Cádiz, se abría una exposición de "piezas para el tricentenario", conociendo el borrador de un proyecto expositivo entregado en Diputación y piezas del siglo XVIII que custodia el museo, escribí "una interesante exposición". Me precipité y, cuando la he visto, más que desilusionarme, me sorprende la escasez de elementos expuestos: el escudo del Consulado de Indias, tres monedas y un arca de tres cerraduras. Nada más.
El Museo de Cádiz tiene mucho más. Quizás han programado ir sacando periódicamente más piezas para cubrir todo el año, no obstante creo que, para empezar, es muy poco lo expuesto.
Cuando leí en la prensa el anuncio de que, en el Museo de Cádiz, se abría una exposición de "piezas para el tricentenario", conociendo el borrador de un proyecto expositivo entregado en Diputación y piezas del siglo XVIII que custodia el museo, escribí "una interesante exposición". Me precipité y, cuando la he visto, más que desilusionarme, me sorprende la escasez de elementos expuestos: el escudo del Consulado de Indias, tres monedas y un arca de tres cerraduras. Nada más.
El Museo de Cádiz tiene mucho más. Quizás han programado ir sacando periódicamente más piezas para cubrir todo el año, no obstante creo que, para empezar, es muy poco lo expuesto.
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