Cada verano los medios de comunicación informan, con criterios diferentes, sobre las vacaciones de los políticos. En unos casos, se pone el grito en el cielo por el coste al erario público de las vacaiones, enumerando lo que cuesta el lugar elegido -sea del patrimonio nacional, o sea un recinto privado-, el presupuesto destinado a seguridad del cargo público, etc.
En unos casos, los medios buscan con ahínco, y encuentran, el lugar de vacaciones, en otros no, o al menos no informan de ello. También es cierto que hay gabinetes de políticos que informan el lugar de vacaciones, mientras que en otros se recurre al derecho a la privacidad y los periódicos respetan ese derecho y, aunque saben donde está el político, no lo publican.
A unos políticos se les critica por estar de vacaciones mientras hay una crisis o un accidente -tipo incendios-, mientras que a otros, aunque no comparezcan en el lugar del incidente, no se les critica. Como digo hay de todo.
Sin ir más lejos, Felipe VI, jefe del Estado español, va de vacaciones a un palacio que forma parte de patrimonio español, lo acompañan, además de la familia, un buen número de funcionarios y escoltas, entre otras minucias. Y, además, "como es tradicional", da una recepción, con cena incluida, para 600 invitados, que algunos medios aplauden; pero, aunque el presupuesto para costear los funcionarios, la escolta y la convidá para 600 personas las pagamos todos los españoles, con nuestros impuestos, los medios, en general, no publican comentarios críticos ni descalificaciones, pese a que, probablemente, las vacaciones de Felipe VI y su familia son en las que más dinero de los españoles se gasta.











