Los resultados electorales de las dos últimes elecciones autonómicas tienen, en mi opinión, una lectura similar: el PSOE cae sin freno, el PP camina sin rumbo.
En Aragón el PP, que convocó elecciones cuando no podía aprobar los presupuestos por las exigencias de VOX, ha perdido dos escaños. El PSOE, con una exministra de Sánchez como candidata, pierde cinco escaños. En Extremadura los socialistas perdieron en las ultimas elecciones diez escaños, mientras que los peperianos subieron uno, aunque sin lograr el objetivo de la mayoría absoluta. Pero, en una y otra comunidad VOX ha duplicado su representación, de manera que el partido ultra, negacionista, antifeminista y racista, sube e impondrá al PP lo que quiera para que los de Feijóo puedan gobernar en ambas comunidades.
Sin embargo, lo sorprendente es la lectura que se hace en el PP de ambos resultados pues, desnortado, sin reconocer públicamente su absoluta dependencia de los de Abascal, concluyen que lo más importante es que se aproxima el fin del "sanchismo", sin mencionar que, para que eso ocurra, tendrán que rendirse, una vez más, a las exigencias de VOX, siempre y cuando sigan por delante, que ya a algunos del PP les tiemblan las piernas.
Mientras, los socialistas escurren el bulto, no reconocen la realidad, insitiendo, de forma absurda, en que los resultados autonómicos no se reflejarán en las elecciones generales, sin mencionar que, incluso en el caso de que ganaran, lo que parece casi imposible, para que el PSOE siga gobernando la dependencia de diferentes fuerzas políticas e ideológicas va en aumento, disgregando el mensaje, volviendo contradictorias muchas de sus medidas, creando confusión en sus votantes, cabreando a muchos de sus militantes.
Por su parte, el resto de las izquierdas mantiene esa absurda lucha por demostrar quién es más puro, quén es más de izquierdas, negando la realidad: que solo una alianza electoral de izquierdas puede detener el avance de la ultraderecha, en parte instalada ya en el PP.
A eso se deberían dedicar en Sumar, Izquierda Unida, y el resto de la izquierda, incluido Podemos, pactando, mal que les pese, un programa -programa, programa, repetía Anguita- con el PSOE. De lo contrario, la derecha se instalará en el poder y por muchos años.
Aunque les moleste reconocerlo, ahí está el ejemplo de Podemos, que cree mantener la "pureza", mientras camina hacia la inanidad.








