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sábado, 28 de junio de 2025

Sem rival

La primera vez que entré en "Ginjinha sem rival" fue en 1978, la encontré casualmente y desde entonces he vuelto cada vez que voy a Lisboa, y han sido muchas veces, la última, en febrero de 2024, cuando quedamos con Guy y Julie, que viajaron desde Oregón para pasar unos días juntos en Portugal.

Leo en El país que la continuidad de este lugar mágico y más que centenario, peligra por la especulación turística, despersonalizada, que invade ciudades y lugares históricos. 

Se habla de turismofobia, no sé si la expresión es correcta, pero lo que es cierto es que se está produciendo una pérdida de la singularidad, con un proceso de uniformización de los lugares que atraen el turismo masivo, que si no se corrige, logrará que pronto muchas ciudades y pueblos sean parques temáticos sin identidad.

En Cádiz ya es muy perceptible, con tabernas y bares donde se ha perdido la sociabilidad y la convivencia -incluso la barra-, convertidos en lugares donde dan de comer los mismos productos, las mismas "croquetas de la abuela", los mismos tatakis, salmorejo de remolacha o albóndigas de retinto..., mientras aumenta la especulación urbanística y sube el precio de la vivienda. 

martes, 13 de febrero de 2024

Conéctate

 Conéctate con otros, pero hazlo con tus pensamientos, con tu cerebro.

Visto en Lisboa.


lunes, 23 de abril de 2018

Biblioteca Municipal

Me ha llegado esta fotografía que, en un día como hoy, dedicado al libro, no me resisto a reproducir. Una hermosa imagen de lectura juvenil en una Biblioteca Municipal portuguesa.

Reproduzco a continuación el cartel del que he tomado la foto, se trata de la convocatoria de un encuentro de historiadores jóvenes que se celebrará en la Universidade Nova de Lisboa:



domingo, 16 de marzo de 2014

Farolas lisboetas


En más de una ocasión me han preguntado si sabía la razón por las que las farolas de la calle Ancha tienen el escudo de la ciudad de Lisboa.


He leído en el blog de Argantonio, un interesante blog, dicho sea de paso, que el motivo es que, cuando se instaló la luz eléctrica en la calle Ancha,  las farolas las regaló un portugués que quiso homenajear a su tierra. Pero no creo que esa sea la razón, pues a principios del siglo XX las farolas eran distintas:


Las actuales estaban ya a fines de los años setenta, como se ve en esta foto de una calle Ancha llena de luminosos, que, por fortuna, fueron eliminados durante la alcaldía de Carlos Díaz.

Quizás hubo un saldo de farolas portuguesas a buen precio y por eso tenemos, en la calle Ancha, farolas lisboetas. 

martes, 7 de agosto de 2012

Massada de peixe

Reconozco que soy un poco mitómano y que, por eso, me gusta ir a lugares donde estuvieron personajes que admiro. Por ejemplo, en París fuimos al Café de Flore al que acudía Jean-Paul Sarte, con Simone de Beauvoir; en Dublín buscamos el café Kylemore que tiene delante de su fachada la estatua de James Joyce, y el pub The Brazen Head; y en Lisboa acudimos hace unos días A Licorista, antes café Áurea Peninsular, donde Fernando Pessoa tomaba su aguardiente, posiblemente, ginjinha.

Actualmente -no sé desde cuando- A Licorista está unido a otro local popular, O Bacalhoeiro -"é um negócio único", insistía el camarero-, donde se pueden probar platos de la cocina tradicional de Lisboa. Y entre esos platos degustamos una buenísima "massada de peixe", un plato lisboeta, primo-hermano de los gaditanos fideos con caballa.



El guiso tiene los mismos ingredientes que el plato gaditano, aunque el pescado era perca, en trozos generosos y enteros. La diferencia es que allí usan cilantro, que da al plato un gusto peculiar, y lo adornan con gambas y surimi.