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viernes, 26 de junio de 2026

División de poderes

Hay quien opina que es más correcto hablar de separación de poderes, en vez de división. Y, generalmente, se atribuye a Montesquieu su "invención", soslayando, por ejemplo, que ya Aristóteles, en Política ponía los antecedentes, pero convenimos en que se debe al francés su formulación actual: poder legislativo (responsable de establecer y actualizar las normas de convivencia), poder ejecutivo (encargado de aplicarlas y administrarlas); y poder judicial (encargado de que la norma se aplique correctamente).

La Constitución española de 1978 establece la separación de poderes y, siguiendo una norma de la que ya habló Locke, da la primacía al poder legislativo, seguido del ejecutivo y, en tercer lugar, el judicial. Este orden tiene una razón, una lógica inapelable: el poder legislativo lo elige el pueblo, lo votan los ciudadanos; el poder legislativo lo elige el Parlamento, es decir, los diputados que previamente han elegido los españoles; el poder judicial, aunque esté conformado por personas expertas, es el único que no lo elige el pueblo, que no lo votan los ciudadanos, de lo que, lamentablemente, se deriva que termina considerándose una élite.

No obstante, se consideren una élite, o los más listos de la clase, lo que no es de recibo es que el único poder no elegido por el pueblo, no votado por los ciudadanos, trate de erigirse en dirigente de la nación. El poder judicial sobrepasa sus funciones cuando intenta influir en el legislativo y condicionar, cuando no coartar, al ejecutivo.

Y eso, utilizar sus funciones como poder judicial para condicionar las decisiones de un gobierno elegido democráticamente, tiene nombre.

martes, 11 de marzo de 2025

Sobre la tiranía y el abuso de poder

Lo escribió Federico Rubio hace más de 135 años -aunque el libro no se publicó hasta 1912, diez años despues de su muerte-, pero sus palabras tienen, desgraciadamente, vigencia en la actualidad:

"... desde el punto y hora en que el hombre llega a estimarse como superior a cualquiera cosa, sea animada o inerte, se constituye en tirano. Así, la doctrina que daba por dogma la superioridad real o la del feudo, como la del señorío laico o eclesiástico, tenía que producir como fruto ineludible la tiranía. La simple autoridad de nuestros tiempos, lo mismo la civil que la judicial, y más la militar y la religiosa, ya que no puede ser tiránica, muestra una decidida inclinación hacia el abuso". F. Rubio, Mis maestros y mi educación. Cito por la edición de Tebas, Madrid, 1977, p. 80.

jueves, 15 de julio de 2021

Un problema institucional

Este país no cambiará mientras no cambien toda las instituciones, mientras haya una corporación y un poder que sea capaz de enfrentarse al que representa a la ciudadanía, el legislativo, y al que, posteriormente, ha ratificado el legislativo, el poder ejecutivo.

No es de recibo que un poder corporativo se enroque, aun sabiendo que ha superado con creces su período de vigencia legal, y sus miembros se mantengan en los cargos, incluso en contra de la regulación legal y apoyándose en un partido que juega con los límites de la constitucionalidad, y que posteriormente haga oposición al poder elegido por la ciudadanía.

Mientras esto no cambie, España seguirá caminando, cual funámbulo, sobre la cuerda floja.   

sábado, 2 de febrero de 2019

División de poderes

Sin entrar en el tema de fondo, llama la atención cómo algunos, que se consideran la pureza de la democracia, insisten en que el gobierno español debe intervenir, influir, en las decisiones del poder judicial, acabar con la independencia de la justicia.

martes, 5 de junio de 2012

División de poderes

La explicación del PP, en la voz de Celia Villalobos, para justificar que el sr. Dívar no explique en qué se ha gastado nuestro dinero, es insólita e impresentable. Una cosa es la independencia del Poder Judicial y el respeto democrático a la división de poderes, y otra que los representantes de cualquiera de los poderes, en este caso el presidente del Consejo General del Poder Judicial y del Tribunal Supremo, pueda hacer con los fondos públicos que administra, con nuestro dinero, lo que quiera y ni siquiera tenga que explicar en qué se gasta el dinero público, nuestro dinero. Y más si se lo gasta a cientos de kilómetros de su puesto de trabajo y en días no laborables.