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martes, 2 de agosto de 2016

El formato, exitoso, de la regata


Dice Juan José Ortiz, y algo de razón tiene, que el éxito de la regata 2016 se debe a que se ha copiado el formato de anteriores ediciones y, por ello, a la experiencia de los técnicos y funcionarios municipales.

¡Qué duda cabe! Tras una decisión política de asumir la organización de un acontecimiento como la Regata 2016, sin el trabajo de funcionarios y técnicos, más colaboradores de otras instituciones, servicios de seguridad, voluntarios, etc., la regata no hubiese sido un éxito.

Y tampoco cabe duda de que un equipo de trabajo, un equipo de gobierno, mira atrás y tira de la experiencia de ocasiones anteriores. Por eso hay que aplaudir que Ortiz, en nombre del grupo municipal del Partido Popular, reconozca, implícitamente, que el éxito de las regatas de los años 2012 y 2006, se deba a que los peperianos siguieron el formato de regatas anteriores, cuando era alcalde de la ciudad, en representación del PSOE, Carlos Díaz.

Sin el precedente de 2000 y, sobre todo, de la Gran Regata de 1992, ninguna de las siguientes hubiesen sido exitosas. Como lo ha sido la de 2016, siendo alcalde José María González Santos, le pese a quien le pese.

lunes, 1 de agosto de 2016

Otras regatas en la hemeroteca


Me invita el amigo Enrique M. a consultar la hemeroteca para comprobar el calendario de reparaciones del buque Juan Sebastián Elcano, y así lo hago, consulto la hemeroteca para comprobar las fechas de anteriores regatas, y ver si el JS Elcano pudo asistir a las anteriores en función de un calendario determinado.

La Regata de 1992 se celebró entre el 29 de abril y el 3 de mayo.
La del 2000, del 4 al 7 de mayo.
La del 2006, del 26 al 29 de julio.
La del 2012, en los mismos día, del 26 al 29 de julio
La Gran Regata del 2016, del 28 al 31 de julio.

Aunque soy consciente de que la reparación de un barco, como la de un coche, se hace cuando hace falta, se puede comprobar que el Juan Sebastián Elcano no tuvo que realizar reparaciones a finales de julio de 2006 y 2012, paro sí a finales de julio de 2016.

Quizás haya sido coincidencia, pero salvo algunos, en Cádiz no se cree casi nadie la excusa dada. Y yo sigo absolutamente convencido de que si hubiera habido voluntad política por parte del gobierno español, el JS Elcano hubiese estado en el muelle gaditano estos días pasados.

  

sábado, 1 de octubre de 2011

El cesante


            Una de las figuras más típicas, y lamentables, del siglo XIX español era la del “cesante”. El “cesante” era el funcionario que, según quien gobernase, era cesado en sus funciones, o recuperaba su puesto en la administración pública. A partir de la mayoría de edad de la reina Isabel II, tras el dominio del los Moderados y la alternancia en el poder con los Progresistas, se implantó este viciado sistema por el cual un funcionario afín o al que se consideraba simpatizante de un determinado partido, era cesado por el contrario cuando alcanzaba el poder y, en el mejor de los casos, se le dejaba una parte del salario, mientras que se colocaba en su puesto a alguien de confianza. No se trataba de nombrar y contratar a asesores del propio partido, lo que se hacía, simplemente, era enviar a una especie de limbo legal a un funcionario con experiencia que había ejercido su trabajo con el gobierno anterior. Y, cuando había cambio de gobierno, la operación se volvía a repetir, en sentido contrario. Por eso la literatura costumbrista de la época incluía al “cesante”, prácticamente, como una categoría laboral.
            La práctica de la cesantía funcionó hasta bien entrado el siglo XX, pese a que ya Antonio Maura denunció, en 1898, que la cesantía era una de las principales lacras de la administración española, puesto que el relevo provocaba retrasos y disfunciones en la rutina administrativa, además de ser un dispendio económico, ya que en muchas ocasiones se pagaba un salario a alguien al que no se le sacaba el rendimiento laboral para el que estaba preparado y facultado. Por eso, en el Estatuto de la administración pública de 1918, se reguló la inamovilidad del funcionario público, para mejorar el rendimiento de la administración y asegurar el funcionamiento independiente de los expedientes administrativos, ajenos a decisiones políticas.
            Recuerdo la figura del cesante cuando hay cambios políticos en España. Es lógico que, cuando haya alternancia política en las instituciones, se cese a los cargos de confianza y los asesores nombrados por el anterior gobernante, para nombrar otros afines a quienes han ganado democráticamente el gobierno de una institución. Pero no parece tan lógico que se cese a funcionarios de carrera que ocupan, u ocupaban, puestos de responsabilidad ganados, además, en concurso público. Hay varios ejemplos en el ayuntamiento gaditano; el último, es el de Antonio Cabrera, al que en su reincorporación a la administración municipal se le ha destinado a la Biblioteca Municipal. Como ya escribió José Antonio Hidalgo en estas mismas páginas, un funcionario de su capacidad, que ha sido Gerente de la Fundación Gaditana del Carnaval, gestor de la Regata del 92, organizador de muchos eventos públicos en Cádiz, es un dispendio de capital económico y humano destinarlo a una biblioteca, donde, por cierto, sólo debería contarse con personal cualificado para dicha función.

Publicado en Diario de Cádiz, 1 de octubre de 2011