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viernes, 21 de noviembre de 2025

La verja del muelle

Cada vez que la Autoridad Portuaria se plantea un uso ciudadano de los muelles gaditanos -y esta vez, parece que, por fin, va en serio la propuesta-, surgen opositores a la desaparición de la verja. 

No ha perdido vigencia el tango que Vélez, Sánchez y Barbarrusa escribieron en 1926 para "Los oculistas", cuando se puso la verja:

Nunca olvidaremos
a aquel gran patricio
que fue a nuestro juicio
y de corazón
lo que no tenemos
hoy en la nación.
Oculista de fama,
hombre de gran talento,
al que le debe Cádiz
erigirle un monumento.
Nombramos con respeto
aquel que en vida fue
todo para aquel pueblo
que le viera nacer.
Noble don Cayetano
joya querida
de la Taza de Plata
hoy oprimida,
tiraste las murallas,
vil cinturón
que quitaba a tu pueblo
respiración.
Si levantaras la cabeza hoy buen gaditano,
verías tu obra no aprovechada
por tus hermanos,
que nuevamente han colocado
aquel cinturón,
por medio de una verja
que el pueblo entero
la censuró.

En la foto, el muelle hacia 1920.


domingo, 2 de octubre de 2016

Cayetano era más liberal


Que el pájaro no nos confunda, pese a sus prontos y su genio, Cayetano del Toro era bastante más liberal.

viernes, 4 de diciembre de 2015

Calle Fermín Salvochea


En Combates por la historia, escribió el gran historiador Lucien Febvre: "Indudablemente la historia se hace con documentos escritos. Pero también puede hacerse, debe hacerse, sin documentos escritos si éstos no existen.(...) Por tanto, con palabras. Con signos. Con paisajes y con tejas. Con formas de campo y malas hierbas. Con eclipses de luna y con cabestros. Con exámenes periciales de piedras realizadas por geólogos y análisis de espadas de metal realizados por químicos. En una palabra: con todo lo que siendo del hombre, sirve al hombre, expresa al hombre, significa la presencia, la actividad, los gustos y las formas de ser del hombre".

Y cuando enumeraba qué fuentes historiográficas podía usar un historiador, además de los documentos escritos, mencionaba, entre las primeras, la toponimia, es decir el nombre de las localidades, los nombres de las calles, de accidentes geográficos, de sitios, luga­res, etc.


He recordado en estos días a Febvre cuando se está debatiendo una nueva revisión del callejero gaditano, revisión que, como es habitual, despierta pasiones en diferentes direcciones ideológicas, pasiones que conducen a cometer errores, como decir que el ayuntamiento de Carlos Díaz introdujo en el callejero personajes históricos de izquierda, como Fermín Salvochea


No es exacto. Como es sabido, Fermín Salvochea murió en 1907, y tres años después de su muerte, en febrero de 1910, siendo alcalde Cayetano del Toro -que no era de izquierdas, precisamente- el cabildo municipal, por unanimidad, decidió dedicarle la calle que actualmente lleva su nombre.  


En 1937, el ayuntamiento impuesto tras la rebelión militar, le cambió el nombre por Obispo Pérez Rodríguez. Cuando en 1979 se recuperan los ayuntamientos democráticos, el presidido por Carlos Díaz decidió devolverle a la calle el nombre de Salvochea.
   

martes, 29 de septiembre de 2015

Patrimonio perdido, destruido.

En 1998 publiqué en Diario de Cádiz un artículo proponiendo que en el futuro jardín que, entonces, se proyectaba en el solar que dejaría el cementerio de San José, se respetaran los monumentos funerarios -por supuesto vacías las tumbas de restos humanos-, como una forma de respetar la historia y el patrimonio gaditanos. Lo recordé aquí en una entrada que titulé De cementerio a parque.

La propuesta no tuvo éxito, aunque las autoridades locales, con la colaboración de los directivos del Cementerio Mancomunado de Chiclana, anunciaron que algunos de los monumentos funerarios que yo pedía se quedaran en Cádiz, se iban a trasladar al cementerio chiclanero, provocando, como así ha sido, una descontextualización de la historia de Cádiz, pues esos testimonios del pasado gaditano están fuera de lugar, no están en su sitio.

Pero es que, además, ya anunciamos que ese traslado iba a suponer la destrucción de gran parte de ese patrimonio, lo que desgraciadamente ocurrió, como se puede confirmar, una vez más, visitando la exposición sobre Cayetano del Toro en el castillo de Santa Catalina. En una de las salas se puede ver una foto de la losa que cubría la tumba del que fuera alcalde de Cádiz, lápida mandada colocar por el ayuntamiento de la ciudad en 1915.

 La losa costeada por la ciudad, es decir, por los gaditanos, era un homenaje a Cayetano del Toro, "modelo de patriotismo, sabiduría y caridad", según decía la leyenda.

La losa ya no existe, el homenaje a quien fuera alcalde de Cádiz quedó arrasado tras la exhumación y traslado de los restos de Cayetano del Toro, según indica la cartela que acompaña la foto en la exposición.

El afán de ganancias del consorcio que gestiona el Cementerio Mancomunado y la desidia del ayuntamiento de Cádiz que permitió la destrucción de la losa, son los responsables de la pérdida de este testimonio del pasado de Cádiz, de la desaparición de una pieza más del patrimonio histórico y artístico gaditano.

lunes, 28 de septiembre de 2015

La exposición sobre Cayetano del Toro


Al fin pude ir a ver la exposición que sobre la figura de Cayetano del Toro se puede visitar en el castillo de Santa Catalina.

Interesante, con documentos y objetos originales y muchas reproducciones, de muy diferente calidad, desde las buenas, hasta las muy malas, pero en conjunto, como digo, interesante exposición que divulga aspectos de la vida de del Toro, poco conocidas por la mayoría, como su adscripción a la masonería, que no era incompatible con sus fuertes convicciones religiosas.

Dos críticas, a vuela pluma, a la exposición. La primera, el tono hagiográfico de muchos de los textos explicativos sobre el personaje. Sin dudar de la labor benéfica de Cayetano del Toro, presentar una imagen beatífica de quien, por otra parte, se deja ver que tenía mucho carácter, con ciertas dosis de autoritarismo, es tan excesivo, como innecesario. Contrasta, por ejemplo, la imagen que se intenta dar de Cayetano del Toro con las referencias a los duelos, de espada y pistola, que protagonizó, cuando debía saber que los duelos, que efectivamente traspasaron la frontera del siglo XIX al XX, estaban prohibidos desde que el 6 de septiembre de 1837 el ministerio de Gracia y Justicia expidió la orden de reprimirlos.

El segundo, más importante, la falta de cartelas explicativas en muchos objetos y algunas vitrinas, como esta que contiene interesantes aparatos de exploración e intervención de medicina:

Pero, en conjunto, merece una visita con tiempo.