Tal día como hoy, hace 204 años, el 17 de febrero de 1822, domingo, primer día de Carnaval, el Diario Mercantil de Cádiz publicaba un anuncio en el que entidades tan variopintas como "el ayuntamiento antiguo", el castillo de guardiamarinas, el arrecife "hasta Río Arillo", el baluarte de los Mártires o la "iglesia del hospital nacional", entre otros "hermanos y primos de la huerta de San Francisco", invitaban al funeral, que se celebraría el Domingo de Piñata, en sufragio por la tapia de la mencionada huerta del convento franciscano.
Como es conocido, la actual plaza de Mina -originalmente de Espoz y Mina- formaba parte de la huerta del convento de San Francisco, que pasó a ser pública en 1836 e inaugurada como plaza en 1838. Pero el proceso para convertir la huerta en espacio público comenzó mucho antes, en 1821, puesto que ya en enero de dicho año el ayuntamiento solicitó a la comunidad de franciscanos que, siguiendo el ejmplo de los Descalzos, que habían cedido su huerta para lo que después fue el mercado de la Libertad, cedieran su huerta en favor del vecindario, para convertirla en "plaza de recreo".
Los franciscanos no fueron tan generosos como los otros frailes y de ahí la nota del Diario Mercantil anunciando el funeral de la tapia, como símbolo de la apropiación ciudadana de la huerta.
La indicación de que la finada tapia "vivía en la plaza del Trágala", tiene simbología revolucionara; y la alusión final "lárgalo, lárgalo" es el recordatorio de una práctica carnavalesca muy frecuente en el siglo XIX, cuando se colgaba un trapo maloliente, o algo similar, a la gente y se les gritaba "lárgalo".

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