Recuerdo el horror que me produjo ver unos planos de la "transformación" que, durante la campaña electoral, proponía el actual alcalde de Chiclana, Ernesto Marín, para el poblado de Sancti Petri, una transformación que no era más que la destrucción de lo que todos hemos conocido, una destrucción de su estructura, sus construcciones, su identidad.
Y es que también recuerdo la grata impresión que siempre sentí visitando el poblado, cuando todavía estaba habitado y cuando lo he recorrido como un pueblo fantasma. Por eso comparto lo que hoy publica Jerónimo Andreu en Diario de Cádiz, y, como él, abogo por su restauración, por una recuperación que lo puede convertir en un lugar con un encanto singular.
La foto es de un artículo de Ramón Merayo, que se puede leer aquí.
