Por fin fuimos a Aponiente y me gustó mucho.
Os lo cuento mientras espero que se termine el guiso de costillas con papas que estoy haciendo para mañana.
No entro en detalles del local, aunque creo que está bien decorado. El servicio bien, quizás un poco pegajoso, pero educados y amables. Me llamó la atención el personal en cocina, conté, como mínimo, siete personas y no estaba Ángel León, de viaje por Nueva York. En total once personas para unos veinte clientes. Eso hace que el servicio sea rápido, que el tiempo entre plato y plato sea el justo.
Entro en detalles.
De entrada, una cerveza -la Cruzcampo Gran reserva- y un amontillado, Escuadrilla, excesivamente frío, se lo dije al sumiller, que amablemente se disculpó.
Pan casero, normal y de algas, los dos buenos.
Platos. Embutidos marinos, muy conseguidos, el mejor el salchichón. Después el ostión con "fango", exquisito, lo malo es que sólo te ponen uno, dicen que por la fuerza del sabor. El tapaculo con fondo de algas, una delicia. El arroz con placton, buenísimo, una combinación perfecta, para comerse dos platos. Lo que menos me gustó, y está bueno, el albur con falso pesto. De postre Migajón al Palo cortado, no soy de postres, pero bueno.
De vino pedí uno que recomiendo, Peique Godello, es muy bueno y tiene un precio fantástico.
En resumen, aunque siempre voy precavido contra las modernidades en la cocina, en este caso me convenció, me encantó la comida, destacando los sabores del arroz, el ostión y las algas del tapaculo.
Volveré.