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miércoles, 12 de julio de 2017

La plazuela de la Cruz Verde y la Inquisición

Con motivo de la propuesta de cambiar el nombre de la plazuela de la Cruz Verde, por el del comparsista Antonio Martín, leo por las redes apoyos basados en explicaciones reduccionistas: está bien cambiarle el nombre a la plaza porque fue el centro de las actuaciones de la Inquisición en Cádiz.

Sin negar la mayor, es decir la vinculación de la cruz verde a determinadas representaciones y actuaciones de la Inquisición, quiero añadir algunos elementos más al debate que, entre otras cosas, incluye el de la localización de la sede del Santo Oficio en Cádiz.

En primer lugar, conviene recordar que la denominación Cruz Verde no solo la ha tenido esa plazuela. La actual plaza de Topete se denominó de la Cruz Verde en 1694; la calle Magistral Cabrera se llamaba Cruz Verde en 1671; y la calle Cruz era de la Cruz Verde en 1826.

Por otra parte, no se sabe exactamente cuando la plazuela de la Cruz Verde se llamó así por primera vez, pero se sabe que, posteriormente, en momento indeterminado del siglo XVIII, pasó a ser conocida como plazuela de las Cererías, después plazuela de Cala y en 1779 pasó a llamarse de la Cruz del Barrio Nuevo. Más tarde, y sucesivamente, plazuela de la Cruz de Cala (1793), de Reinoso (1855), de Eduardo Benot (1907) y de nuevo de la Cruz Verde en 1940.

Adolfo de Castro escribió en 1857 que se llamaba de la Cruz Verde por tener una cruz de ese color en el centro, y después de Castro, muchos autores han repetido esa explicación. Pero me inclino por revertir el argumento, como hizo Antonio Muro al explicar el nombre de la calle de la Cruz Verde en Puerto Real, al argüir que no creía que el nombre de la calle proviniera de que hubiera una cruz de ese color, sino a la inversa, que la cruz se puso por llamarse la calle así. Y creo que en Cádiz debió ocurrir lo mismo.

También Antonio Muro, que recuerda en primer lugar la relación de la cruz verde con la inquisición, apuntó que cruces verdes fueron símbolo de, por ejemplo, la Orden de Alcántara; o que San Andrés murió en una cruz en forma de aspa que era de color verde (la puertorrealeña calle Cruz Verde fue anteriormente de San Andrés, pero en Cádiz no se dio esa circunstancia).

Por último, y para animar el debate sobre dónde estaba la inquisición en Cádiz -soy de los que piensa en la calle Plocia-, pongo este curioso grabado de 1650 en el que, con el nº 7, aparece señalada la Inquisición, cerca, por cierto del ayuntamiento.

domingo, 28 de febrero de 2016

El aparcamiento de la estación

No le falta razón a Martín Vila cuando afirma que el ayuntamiento de Cádiz, en nombre de los ciudadanos, está legitimado para reclamar el suelo que ADIF ocupa con un aparcamiento de pago.

Los terrenos que ocupa la estación de ferrocarril fueron ganados al mar por la ciudad, para darles uso industrial y facilitar las comunicaciones, tanto marítimas, ampliando el puerto, como terrestres, con la previsión de la llegada a Cádiz del ferrocarril, como planteó el alcalde Adolfo de Castro en 1855.
En este grabado, fechado hacia 1850, se puede ver cómo se iba ganando terreno al mar

Por eso, siguiendo ese plan, la ciudad acordó ceder espacio para la construcción de una estación de ferrocarril, que se inauguró en 1861.
La foto de Laurent, hacia 1870-75

Posteriormente, la ampliación de la estación, inaugurada en 1905, se realizó en el mismo espacio que estaba la anterior.

Pero cuando se construye una nueva en 1966 se hizo en paralelo a la anterior, de manera que la ciudad tuvo que ceder nuevos terrenos.

Cuando, finalmente, en el año 2002 se inaugura la estación actual, que se sitúa delante de la de 1905, que se restaura, los terrenos que ocupó la estación de 1966 quedan en manos de ADIF, cedidos temporalmente, y se cierran para usarlos como aparcamiento de pago en beneficio de la empresa de infraestructuras ferroviarias, que, sin embargo, al otro lado, frente a astilleros, tiene terrenos sin urbanizar, que son los que debería usar para aparcamiento, recuperando la ciudad unos terrenos que legítimamente le pertenecen.

domingo, 31 de marzo de 2013

La sangre del Drago

Si hace unos años una tormenta quebró el drago de la Facultad de Medicina, del que se decía que lo había sembrado, en el Real Colegio de Cirugía, Virgili a mediados del siglo XVIII, y no hace mucho murió el que estaba frente a las Puertas de Tierra (tenía medio siglo), ahora cae el del callejón del Tinte, al que se le calculaban casi trescientos años de vida.

Los dragos están asociados a la historia de Cádiz desde la antigüedad. En su Historia de Cádiz, Adolfo de Castro recuerda que Filóstrato describió el árbol llamado Drago "que destila sangre" y los dos que estaban junto a la tumba de los Geriones, o de Gerión, pues hay que recordar que las leyendas hablan de Gerión, el rey de tres cabezas o los Geriones tres hermanos que gobernaban tan al unísono que parecían uno. Sea como fuere, conociendo Hércules que Gerión o los Geriones gobernaban las islas gaditanas, los venció haciéndose dueño del lugar. Por eso una antigua leyenda dice que la savia roja del drago es la sangre del Geriones y que las brazos y ramas que salen de su tronco por triplicado es un homenaje de la naturaleza a los antiguos señores de Cádiz vencidos y muertos por Hércules. Por otra parte conocemos, a través de Estrabón, el relato de Posidonios sobre el árbol de Gadir al que cuando se le cortaba la raíz salía una savia roja, en un texto que lo relaciona con el templo de Melkart.


En los últimos años se han perdido tres dragos en Cádiz, aunque antiguos estudiantes canarios de la Facultad de Medicina regalaron uno a la ciudad tras la pérdida de que se decía de Virgili (en la foto superior).


Pero había muchos más. En su libro De Cádiz y del mar, Salvador Luna -que dice que el drago de Medicina era anterior a 1667-, localizó, en el año 1973, catorce, a saber: en el Parque Genovés tres, uno cerca del Parador, otro cerca de la puerta lateral y otro junto al extinto teatro Pemám; en la huerta del Hospital Militar otro, deteriorado, según Salvador Luna, por una tormenta; en el Gobierno Militar uno que en 1973 tenía 44 años; el del callejón del Tinte; otro en el jardía trasero del Hospitalito de Mujeres; en lo que fue Salus Infirmorum, hoy un solar en la glorieta Simón Bolívar, dos; en el patio del convento de San Francisco describe uno muy joven; en la avenida Ramón de Carranza, uno frente a Diputación y dos ante la Fábrica de Tabacos (hoy Palacio de Congresos); y uno en la avenida Ana de Viya, cerca de las calles nombradas, precisamente, Gerión y Drago.

Habría que hacer un inventario para conocer cuántos quedan actualmente, y evitar que alguno más se pierda, como el del Tinte, por abandono.



Las fotos son de anoche, cuando un colectivo colocó la pancarta de denuncia y unas velas en su memoria.