viernes, 29 de agosto de 2014

Localismo y nacionalismo

A veces, diferentes lecturas, apreciaciones, comentarios..., aparentemente distintos, se mezclan en la cabeza confeccionando una idea, o un conjunto de ideas que crees que se asemejan, o que, en cualquier caso te llevan a una sola conclusión.

Estoy terminando de leer La hija del Este, la novela de Clara Usón sobre el cruento conflicto bélico en Serbia, Bosnia y Croacia, surgido del más radical y extremo de los nacionalismos; he leído una entrevista a Joaquín Sabina en la que afirma que el nacionalismo es un aldeanismo que se cura leyendo y viajando; también el comentario de una amigo en feisbú que se despide de la costa de una provincia cercana, desde la habitación del hotel, donde dice lo ha pasado bien y descansado; y hace unos días, en la frutería, escuchaba a tres personas hablar de las maravillas del Caribe -ninguno conocía el caribe, solo el hotel en el que habían pasado cinco días, "todo pagado", sin salir del complejo hotelero-, para concluir que ninguno pensaba repetir, por que como La Caleta no hay nada en el mundo.

Un personaje de Clara Usón recuerda las palabras de Danilo Kis: "El nacionalismo es en esencia una paranoia, una paranoia individual y colectiva. Como paranoia colectiva, es el producto de la envidia y el miedo, y sobre todo el resultado de la pérdida de la conciencia individual; no es pues más que la suma de una serie de paranoias individuales llevadas a paroxismo".

Les puede parecer exagerado, pero creo que el chovinismo localista y la exaltación nacionalista tienen una misma raíz y conducen a un mismo fin, a la ceguera ante los bondades de otros espacios, de otras culturas, al desprecio del otro y de la vida de los de otros. Y que, a la postre, conduce a la paranoia colectiva que decía Danilo Kis. Y todo eso, efectivamente, hay que preverlo, hay que curarlo a tiempo, y, posiblemente, la mejor medicina sea la educación, la lectura y el viaje. Leer y viajar, aunque sea a disfrutar de una playa en la provincia de al lado, para comprobar -como en el blog de Fossati- que hay mil sitios tan bonitos como La Caleta, mil sitios tan buenos como la nación propia.
La escaragüita de la foto no está en el castillo de Santa Catalina, ni en el de San Sebastián, ni siquiera está en Cádiz, sino en la fortaleza que defiende el puerto de La Valeta, en Malta.        

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