miércoles, 23 de agosto de 2017

Un modelo de museo


Hay quien ha escrito que el Museo del Vasa, en Estocolmo, es el mejor museo del mundo. No sé si es así, pero tras visitar un buen número de museos, creo que, al menos, está entre los mejores.

Un buen museo se logra cuando hay una idea clara de qué se quiere contar, eso es más importante, o tan importante, como lo que se quiere exponer. De ahí la insistencia en que debe haber un desarrollo museográfico y museológico previo a la construcción y apertura de un museo.

He conocido muchos museos muy bien concebidos y diseñados. Por ejemplo, en Portland está The Oregon Historical Society, fundado en 1898, pero renovado constantemente en su programa museográfico y como centro de investigación. En Honolulú me pareció muy buen museo el Bernice P. Bishop Museum, dedicado a la historia natural y cultural de Hawai. En Quito, en el Museo Alberto Mena Caamaño, hay un espacio dedicado a la interpretación histórica de la ciudad y la nación ecuatoriana, con un discurso museográfico muy bueno. Pero no hace falta ir tan lejos, en Barcelona está el Museo de Historia de la Ciudad, con un gran desarrollo discursivo, que, además, enlaza con otros museos y espacios convirtiéndose en un ejemplar centro de interpretación de la ciudad. O en Madrid, el Museo Romántico es también un buen modelo de didáctico discurso  museográfico.

Y sin duda destaca el Vasa, un museo construido y realizado en función de lo que se quería contar.

En el año 1628, el 10 de agosto, zarpó por primera vez el Vasa, un buque construido por orden de Gustavo Adolfo II, y tras avanzar apenas unas centenas de metros en el mar, el buque se hundió. En 1961, tras varios años de búsqueda, se consiguió reflotar el Vasa. Expuesto primero al aire libre, con evidente peligro de deterioro, en 1981 el gobierno sueco decidió construir un museo con las condiciones óptimas para conservar el buque.


Sin dudas la exposición del buque condiciona la arquitectura del museo, pero a su alrededor se ha logrado un discurso que explica la historia del buque, de la ciudad y de su gente, además de explicar las características de la navegación en el siglo XVII y la vida en el mar.


Sin dudarlo, uno de los mejores museos del mundo.

   

martes, 22 de agosto de 2017

Enanismo mental

Como la altura física es mayor, el enanismo mental busca recursos para intentar manchar la democracia:


La foto es de anoche.

domingo, 20 de agosto de 2017

Mil sitios tan bonitos como Cádiz

Es el título de uno de mis favoritos, Mil sitios tan bonitos como Cádiz, el blog de Manolo Muñoz Fossati, dedicado a describir viajes y paisajes. Me gusta el contenido, y me encanta el título. A todos aquellos que piensan que Cádiz es el lugar más bonito del mundo, lo mejó de lo mejón, Fossati les muestra lugares, no mejores, pero "tan bonitos como Cádiz".

Viajar ilustra, enseña y sirve para curar chovinismos. Por ejemplo, como ocurre en Cádiz con las caballas, en Copenhague buzos sacan mejillones criados en el mar y los venden recién recogidos a los paseantes.


Y en Estocolmo también hay cantos rodados y cañones en el casco histórico.

El museo de Carnaval ¿tiene alma?


Leo en Diario de Cádiz que el museo de Carnaval ya tiene cara, lo que equivaldría a decir que tiene fachada, que tiene un inmueble, pero lo que hay que preguntar es si el museo tiene alma, y, respetando la labor del periodista que transmite la información, de lo que se lee en el periódico y de lo que se va conociendo por otras fuentes, parece que no, que no tiene alma, que no tiene contenido, que de lo que se está hablando es de la adaptación técnica de un edificio que, con lo que se conoce, podría servir igual para un museo de Carnaval, que para un museo de peluquería o una academia de habaneras.

El proyecto descrito por el gobierno municipal, del que informa el periódico, habla de la readaptación de los espacios del palacio Recaño para cualquier uso, por eso comienza diciendo que tendrá entrada (menos mal), conserjería, cafetería, sala de digitalización, un pequeño teatro..., en la planta baja. Y, de abajo arriba, salas de exposiciones temporales, de reuniones de colectivos -¿para decidir la fecha fija del Carnaval?, ¿para votar la composición del jurado?-, más salas de exposiciones permanentes -con disfraces y tipos, como en el "museo del Torreón de las Puertas de Tierra"-, talleres de restauración, hemeroteca, fonoteca, videoteca, talleres de costura, además de taller de restauración de vestuario y almacén para ídem... Por último, oficinas de administración, sala de investigadores y, en la azotea, el típico "lavaero".

Lo descrito es, reitero, un proyecto de adaptación de un edificio, la cara del museo, pero ¿dónde está el alma?, qué proyectos, museológico y museográfico, hay detrás. Primero habría que explicar cuál es el discurso o programa museográfico, qué contenido tendrá el museo, qué se pretende explicar y mostrar, cuáles son los contenidos teóricos, las técnicas de exposición y los vínculos entre los espacios; después, la gestión de la colección o las colecciones, las medidas de conservación y exhibición necesarias, etc. Y conociendo eso, buscar el espacio expositivo.

Pero no, se deduce que el ayuntamiento ha empezado el museo al revés, da la impresión de que se empieza la casa por el tejado: rehabilitamos un edificio y después metemos lo que quepa y, ¡halehop!, ya tenemos museo, en el que, eso sí, como gran innovación museológica, habrá una "sala de firmas", que no se sabe para qué sirve, pero queda bien. .

Hay espacios en Cádiz más fáciles de acondicionar para el museo del Carnaval que el palacio Recaño, cuya elección parece que se justifica -y esto da idea del nivel científico del proyecto- diciendo que está a 70 metros de donde nació El Tío de la Tiza, a 400 del Teatro Falla y a otros 400 de El Corralón (y a 451 de Casa Manteca, añado yo).

PD. Aprovecho para recordar que "Los Mojosos" de Costus siguen sin volver a casa.

jueves, 10 de agosto de 2017

1717-2007: la obra de Antonio García-Baquero

No, no se trata de un error, no me he confundido en la segunda fecha, en todo caso trato de corregir lo que me parece un olvido injusto.

En el año 2007, a principios de mayo, murió Antonio García-Baquero González, catedrático de Historia Moderna de la Universidad de Sevilla, uno de los mejores modernistas que ha dado la historiografía española de cualquier época, que fue profesor mío cuando yo empezaba a estudiar Historia y, después, amigo.
Antonio García Baquero dedicó su trabajo de investigación, primordialmente, a la Carrera de Indias, a la fiscalidad y al comercio ultramarino en el siglo XVIII, centrando su trabajo en el papel de Cádiz en dicho intercambio mercantil. Desde su primera investigación, su tesina, dedicada a la decadencia económica de Cádiz tras la emancipación americana -publicada con el antetítulo Comercio colonial y guerras revolucionarias-, hasta su obra cumbre, esencial en todos los sentidos, Cádiz y el Atlántico (1717-1778). El comercio colonial español bajo el monopolio gaditano.
Después vendrían, además de Libro y cultura burguesa en Cádiz: la biblioteca de Sebastián Martínez (1988), nuevos trabajos sobre el comercio indiano, como La Carrera de Indias: suma de contratación y océano de negocios (1992), o El comercio colonial en la época del absolutismo ilustrado (2003), entre otras muchos trabajos.

Sin Cádiz y el Atlántico, donde García Baquero analiza todo el período del monopolio gaditano, conoceríamos mucho menos sobre lo que se quiere conmemorar con el Tricentenario. Editado por primera vez en 1976, Cádiz y el Atlántico, que fue reeditado en 1988 por el Servicio de Publicaciones de la Diputación de Cádiz, sigue siendo una lectura imprescindible para conocer el período que se inició en 1717.
Por eso me parece de justicia, en este año del Tricentenario, recordar a Antonio García-Baquero y su excelente trabajo sobre el comercio ultramarino en el siglo XVIII y sobre la labor de la Casa de Contratación en Cádiz entre 1717 y 1778.

miércoles, 9 de agosto de 2017

Protestas



Santa Inés 2 y San Miguel 7

En el concurso 242, que quedó desierto, Francisco Gómez dio una respuesta que no era acertada, pero hay que reconocer que los exornos se parecen.

Este es San Miguel 7, dpldo, en la fachada de Gaspar del Pino:

Y este el de Santa Inés 2:
Se parecen mucho, pero no son iguales, en el segundo la palma tiene 9 hojas, frente a 7 del primero, y hay más detalle en el enlace entre el círculo solar y la palma.

Romaní, el alcalde y los autónomos

Foto: Diario de Cádiz

Ignacio Romaní, cumpliendo su función de incordiar al gobierno municipal, retuerce una información sobre el descenso del número de autónomos en Cádiz, lo califica de desastre y culpa al alcalde, José María González Santos, y recuerda la feliz época del teofilato. Lo malo de la argumentación de Romaní es el final, cuando dice que el actual gobierno del PP da "un apoyo claro al autónomo".

Como se sabe que Ignacio Romaní prepara sus intervenciones, no cabe duda de que conoce que, en el año 2017, el gobierno presidido por Mariano Rajoy incluyó en los Presupuestos Generales del Estado una nueva subida de la cuota de los autónomos, unos 8 euros más cada mes, pero a Romaní se le olvidó decirlo, se le pasó especificar cómo apoya el PP a los trabajadores autónomos: aumentando la presión fiscal.

Claro que también se le olvidó a Romaní decir que los autónomos españoles son, comparativamente, los que más pagaban de Europa en 2016, como se puede comprobar aquí y aquí, por eso, para ayudarles, el gobierno de Rajoy les sube las cuotas.

lunes, 7 de agosto de 2017

Pescando en Cortadura

Y comenzando el ocaso, sobre las 21 horas.

Corregido

Escribí no hace mucho, tras leer un panel de los que difunden el Tricentenario en la calle Beato Diego, que hablar de veraneo en el siglo XVIII me parecía exagerado e inadecuado, y trataba de explicar por qué me lo parecía; quien quiera recordarlo, puede verlo aquí.

No sé si por lo que escribí, o por cualquier otra razón, lo cierto es que alguien lo ha corregido, o para ser más exacto, han borrado la frase "ya se veraneaba en Cádiz".



sábado, 5 de agosto de 2017

Yo expongo

Con esa corta frase encabezaba Yolanda Vallejo un artículo que, algunos, han considerado excesivo, por personalizarlo, por atribuirse un protagonismo en el texto que, seguramente, la autora no pretendía darle, ya que Vallejo hacía una reflexión lúcida sobre algo que parece evidente: cuando no se puede, no se debe.

Es duro, pero también es cierto que trabajar con pocos medios y con prisas, puede provocar resultados, en parte o totalmente, frustrantes. Y eso es lo que ha podido pasar con las exposiciones del Tricentenario de las que Yolanda Vallejo habla en su artículo.

No me habían hablado bien de la que se puede ver en los claustros de Diputación, pero creo que no está tan mal. Considero que el principal problema es que le sobra espacio y faltan objetos, como evidencia el exceso de piezas de La Caridad que contrasta con la escasez de otras de diferente temática y, sobre todo, la parte final es excesiva. Faltan piezas y contenido, y el espacio expositivo se rellena con cajas y con reproducciones de imágenes muy conocidas, dispuestas como un mosaico, para cubrir un pasillo que, imagino, se hizo largo a los responsables de la exposición. Pero el comienzo y las primeras partes, con una escenografía bien realizada y piezas acordes a lo que se pretendía contar, insisto, no está mal.

La de Unicaja es distinta, aquí me imagino a los responsables acongojados, intentando cubrir tres salas, para las que contaban con escaso contenido y muy poco argumento. Eso explica que, para cubrir las paredes, se haya recurrido a fotografías, sin duda de calidad, pero ya conocidas, a recortar figuras igualmente conocidas, que encajan, unas y otras, en una cronología variable: igual sirven para fines del siglo XVIII, que comienzos del XIX. Sin embargo, sorprende la falta de rigor historiográfico cuando se exponen objetos fuera del contexto histórico de la exposición, piezas del siglo XIX.

Es posible que muchos visitantes desconozcan que Fortuny pintó "La vicaría" en 1870, por lo que el abanico que reproduce la escena quizás pase desapercibido, pero los billetes del Banco de Cádiz, de 1846 y 1847, la prensa y el telescopio del siglo XIX, la factura de 1851, o el juego de café de 1860, entre otras piezas, no deberían estar en una exposición dedicada al siglo XVIII.

Creo que a eso se refería Yolanda Vallejo con su "Yo expongo": si no se puede, no solo no se debe, es que no hay que hacerlo.

   

viernes, 4 de agosto de 2017

Concurso 242

Está en Cádiz, ¿dónde?

De premio, recortes de hostia de las monjitas de San Carlos.




jueves, 3 de agosto de 2017

Cigüeñas

En la bodega La Gitana, de la empresa Hidalgo, en Sanlúcar de Barrameda, han conservado una antigua torre de conducción eléctrica, sin uso hace años, para preservar un nido de cigüeñas.

miércoles, 2 de agosto de 2017

Aprender a nadar en Cádiz en 1778


El 30 de agosto de 1767 un individuo se tiró al agua vestido en el puerto de Cádiz, donde estuvo una hora y diecinueve minutos flotando y nadando. Con la ayuda de una tina, que debió lanzar al agua antes y en la que llevaba diversos objetos, demostró qué se podía realizar en el agua si se conocía la técnica que pretendía demostrar, así, cogió papel y pluma para escribir, leyó unos papeles, comió y bebió, se fumó un cigarro, aparentó dormir la siesta, cargó una pistola y disparó, además de tocar la flauta y arrastrar con una cuerda un bote repleto de gente (Gazeta de Madrid, 15 de septiembre de 1767. La noticia, fechada en Cádiz el 1 de septiembre de 1767).

El personaje que realizó esta demostración de habilidad para mantenerse en el mar, se llamaba Carlos Galup, que pretendía demostrar lo fácil que era nadar y mantenerse en el agua, siempre que se siguiera lo que denominó el “método galupiano”. La demostración, que atrajo a muchos curiosos al cantil del muelle, no pasó desapercibida, como constata la publicación de su hazaña en la Gazeta de Madrid.

Poco sabemos del personaje, apenas que Carlos Galup era natural de la Villa de Calella, Principado de Cataluña, donde debió nacer hacia 1716. También, que fue, en 1747, Ayudante Mayor del Cuerpo de Voluntarios de la República de Génova en la guerra del mencionado año, tal y como indica en el opúsculo que publicó. Y que en 1756, residiendo en Cádiz, cuando el comerciante “matriculado” Francisco Galup solicitó permiso para ir “a Indias” indicó que llevaría como amanuense (también dice el documento, como criado), a Carlos Galup. Es en ese documento donde se dice que Carlos Galup era soltero de complexión fuerte, blanco y de 40 años (A.G.I., Contratación, 5.500, Nº 1, R. 16, solicitud de 21 de diciembre de 1756).

Poco más conocemos, aunque se puede intuir que Galup perseveró en sus demostraciones, como demuestra el opúsculo cuya portada encabeza esta entrada del blog.

Efectivamente, Carlos Galup publicó “una carta” escrita a un amigo, en la que exponía la utilidad y las ventajas de aprender a nadar según el “método galupiano”, aprendizaje válido para personas de ambos sexos, para lo que intentó publicar un manual que, al parecer nunca vio la luz, ya que murió el editor y la publicación se suspendió. No obstante, en la “carta”, Galup proponía a la corona la creación de una Academia de natación en Madrid, para lo que mostró su disposición de trasladarse a la Corte.

No parece que su propuesta al rey tuviese eco, sin embargo, el 10 de septiembre de 1778 logró que el ayuntamiento de Cádiz, tras conceder permiso el gobernador, le diera licencia para abrir una Academia de Natación en Cádiz (A.H.M.C., A. Cap. 10/9/1778). De este proyecto, y del permiso concedido por el ayuntamiento gaditano, se hizo eco el Mercurio Histórico y Político, que recogía una noticia fechada en Cádiz el 26 de enero de 1779 en la que se resumía la demostración de Galup en el puerto gaditano el 30 de agosto de 1767, citaba la “carta” de 1776, y recomendaba la iniciativa de Carlos Galup por considerarla beneficiosa y acorde con los tiempos modernos que corrían (Mercurio Histórico y Político, febrero de 1779).   

No sabemos si la academia llegó a abrir sus puertas en Cádiz, pero parece ser que no, puesto que, según Xabier Torredabella-Flix –citando a J. Ortiz (1842)-, ese mismo año de 1779 Galup debió marcharse a Barcelona, donde, al parecer en esta ocasión sí, estableció “una escuela pública de nadar en seco”. Cuenta también Torredabella-Flix que las ideas de Galup tuvieron eco en prensa extranjera, como el Journal de Litterature, des Sciences et des Arts y The Sporting magazine (Xabier Torredabella-Flix: "Antecedentes históricos del arte de nadar en España (siglo XVI-1807)", Ágora, 17, agosto 2015, pp. 182 a 201).

Una noticia más podemos aportar sobre este curioso personaje. En 1786, cuando el navío San Pedro de Alcántara regresaba a España cargado de caudales de América para la corona se hundió, Carlos III encomendó al Francisco Javier Muñoz el rescate de cuantos bienes pudieran sacarse del navío hundido, tarea que Muñoz, con marinos adiestrados en el buceo, realizó con gran éxito. Como consecuencia de ello, Carlos III ordenó que, bajo la dirección de Muñoz, se habilitase la que sería primera Escuela de Buzos en el año 1778. Pues bien, entre las peticiones de Francisco Javier Muñoz para cumplir el mandato real, fue prioritaria la contratación de su amigo Carlos Galup como entrenador de natación y apnea.

martes, 1 de agosto de 2017

Cada trescientos años

No tiene que ver con el Tricentenario gaditano de la Casa de Contratación, pero, al parecer, solo ocurre cada trescientos años:

No sé de dónde ha salido, lo he recibido por whatsapp, pero me parece ingenioso.

El Tricentenario en inglés

La cartelería que, colocada en escaparates de establecimientos vacíos, explica el Tricentenario, es bilingüe, tiene los textos escritos en español -con letras negras- y traducidos al inglés -con letras rojas.

Es una buena idea, aunque a veces las traducciones son excesivamente literales.

En la calle Novena.

sábado, 29 de julio de 2017

El vandalismo como noticia interesada

No es mala noticia que los ataques al patrimonio sean noticia, valga la redundancia.

Dos medios, Diario de Cádiz y Portal de Cádiz, se han hecho eco de la colocación, sobre la original, de una placa falsa en la estatua del fraile Diego José de Cádiz, coincidiendo ambos en valorar tal acción como acto vandálico.

Antes de continuar, debo recordar que el mencionado fraile no es santo de mi devoción, pero que no aplaudo, ni comparto la alteración de la placa; todo lo contrario, me parece una acción reprobable.

Sin embargo, lo que me sorprende es que, prácticamente, solo en este caso, ambos medios se hayan apresurado a denunciar el vandalismo contra una estatua de la Alameda, cuando en otros casos ocurridos hace tiempo o recientemente, no se han preocupado de denunciarlo. Por ejemplo, no he leído nada sobre que el busto de Miguel Grau lleva diez meses con la placa desaparecida.

O que, recientemente, quitaron la placa de la estatua de Juan Pablo Duarte, que dejaron en el suelo, y ayer ya no estaba.

Pero es que, además, hay un claro ejemplo de manipulación de una placa en un monumento, que no fue noticia en ningún medio gaditano.

El busto de José Martí que se puede ver en la Alameda, fue un regalo del "pueblo de Cuba a la ciudad de Cádiz", en el año 1991, cuando se conmemoraba el 120 aniversario de la llegada a Cádiz, como deportado político, de José Martí. Diez años después, en 2001, con motivo de un congreso sobre "Creación y exilio. Con Cuba en la distancia", se sustituyó la placa original, por otra con un texto interesado, que tergiversaba la intencionalidad original de la erección del busto a Martí. No recuerdo que ningún medio denunciara ese acto de vandalismo, ni la manipulación política de la estatua.

Es cierto que, tras varias denuncias particulares, entre las que estaba la mía, y la intervención diplomática de Cuba, se reparó en parte el vandálico acto, por lo que el busto de José Martí tiene ahora, dos placas, pero fue, y sigue siendo, una reparación a medias.
Las fotos de los bustos de Grau, Duarte y Martí, son de ayer tarde.
La de la placa falsa del padre Cádiz, la he tomado de Portal de Cádiz.

viernes, 28 de julio de 2017

Por Doñana

Fue el miércoles en Sanlúcar, desde Bajo de Guía, atardece en la desembocadura del Guadalquivir, por Doñana.



Entre la primera y la tercera foto, 23 minutos.


Concurso 241

Está en Cádiz, ¿dónde?

De premio, zanahorias aliñás, al estilo Tribulete.

Puesta de sol

Por los astilleros también se pone el sol

miércoles, 26 de julio de 2017

El sol cruza la catedral

Paseando por el Campo del Sur, junto al torreón del Sagrario, descubrí sobre el ábside de la catedral, un rayo de sol a través de las lucernas que dan luz y ventilan el interior.

Tratando de ver mejor el efecto, por fin me percaté de que, además de cubrir un yacimiento, lo que denominaron "Entrecatedrales", tiene otra utilidad.


lunes, 24 de julio de 2017

Rutas por la ciudad, ¡cuidadín!

La foto es de Diario de Cádiz

Publicaba ayer Enrique Alcina un artículo en Cádiz Directo, sobre lo que denominaba "fiebre de las rutas" por Cádiz, donde se cuenta la historia de la ciudad, o de algunos detalles y aspectos de la historia de Cádiz.

En principio, la iniciativa me gusta, hay gente seria y preparada que así se busca la vida, ya que no hay otra forma de encontrar un trabajo seguro. Pero también me preocupan algunos contenidos.

No dudo de que la mayoría estarán bien documentados, pero a veces, la improvisación, incluso el afán de hacer de las rutas algo divertido -¡que no falte "el ange cai"-, he escuchado algunas cosas..., que te dan ganas de desmentir al guía de la ruta.

Desde escuchar que, como Cádiz es una ciudad dieciochesca, la Alameda es un ejemplo de "jardín ilustrado", hasta que la casa de los Blázquez -y por tanto Agustín Blázquez-, era un indiano venido de "las Indias", pasando por la explicación de que toda la piedra ostionera que se ve en Cádiz fue sacada de La Caleta, que en Cádiz hay catacumbas romanas, o que en la calle Ancha se redactó la Constitución de Cádiz.

Insisto, hay gente que lo hace muy bien, pero no todo el monte es orégano.

domingo, 23 de julio de 2017

Gamberrismo y dejadez municipal

Solo así es explicable lo que está pasando con la galería de bustos que hay en la Alameda.

Si el arranque y posibles pérdidas de placas son atribuibles al gamberrismo, a la actuación de cafres sin ningún atisbo de civismo, la no reposición de las mismas se debe a la dejadez municipal.

Desde septiembre de 2016 falta la placa del busto de Miguel Grau, sin que se haya realizado el menor intento de reponerla, lo que supone una falta de consideración con las instituciones peruanas que donaron el monumento a la ciudad de Cádiz.

Ahora también falta de su sitio la placa del busto de Juan Pablo Duarte, fundador de la República Dominicana, cuyo padre nació en Vejer de la Frontera, aunque en esta ocasión la placa -que recuerda que el monumento fue un regalo dominicano a Cádiz-, de momento no se ha perdido:

Pero volviendo al principio, en el caso de Grau ¿cómo es posible que el ayuntamiento no haya actuado todavía? Y en el Duarte, ¿ningún empleado municipal se ha percatado de lo ocurrido? Y si alguno lo ha visto y denunciado, ¿cómo es posible que no se hayan tomado medidas?

La dejadez municipal en éste, y en otros casos que afectan al patrimonio histórico de la ciudad, es ya preocupante. Alguien debería dar una mínima muestra de responsabilidad.

viernes, 21 de julio de 2017

PONTAC, un gran vino

La bodega Luis Alegre elabora este gran vino con tempranillo y graciano. De PONTAC se embotellaron, en la cosecha de 2011, 5.345 botellas, de las que, por suerte, una llegó a nuestras manos, en Oviedo, regalo de Inmaculada y Valentín.

Al parecer, el vino recibe el nombre de PONTAC como homenaje a Arnaud de Pontac, señor del dominio y Castillo de Haut-Brion, en Burdeos, un innovador en la vitivinicultura que, hacia 1660, se empeñó en producir un vino de calidad que, aunque diera menor rendimiento, primara la selección de la uva, la técnica en la vinificación y el añejamiento en el "cháteua". A Pontac se atribuye la creación del concepto de cru asociado a un terroir delimitado.

El vino de Luis Alegre, hace honor a su nombre.