lunes, 11 de noviembre de 2013

Huellas judaicas en Cádiz



No hay muchas referencias a la existencia de una comunidad judía en Cádiz, pero hay evidencias de que la hubo.



Cuando Adolfo de Castro refiere la conquista cristiana de Cádiz por las huestes de Alfonso X, recuerda la primera repoblación de la ciudad con montañeses –hidalgos y “gente franca”-, para apuntar que en lo que se podría considerar una segunda oleada repobladora, llegaron a la Bahía nuevos vasallos del rey, entre los que menciona moros y judíos.



No obstante, parece que, fue a finales del siglo XV cuando un grupo judío de cierta entidad pudo llegar a Cádiz, seguramente procedentes de Sevilla y quizás de Córdoba, buscando la protección del marqués de Cádiz.

      

Como informa Rafael Sánchez Saus, los judíos sevillanos y cordobeses fueron expulsados de sus casas años antes de la orden general de 1492, concretamente por una orden regia de enero de 1483. Sin embargo, hubo una prórroga de su estancia en Sevilla hasta mediados de 1484 y en Córdoba hasta 1485. Entre esos años y 1492, los judíos de esas zonas se refugiaron a menudo en lugares de señorío, entre ellos Cádiz, aunque no se puede saber número, ni circunstancias de esa presencia que nunca pudo ser numéricamente importante, y, por supuesto, se vieron afectados por la expulsión de 1492.



Que en Cádiz hubo una pequeña judería lo confirman otras referencias, entre ellas el callejero. Serafín Pró, en su callejero publicado en 1933, al describir la calle Jabonería, indica que tiene dos callejones sin salida a la izquierda, llamados llama Judería y de los Moros, y al hablar del callejón de la Judería, dice textualmente: “por la vecindad de judíos en época remota”.



En la actualidad los dos callejones tienen salida a los nuevos pisos de la plazuela Beni de Cádiz, pero, mientras que el de los Moros conserva su nombre, Judería se llama ahora Santiago Donday.   



Pero todavía quedan huellas judaicas visibles en Cádiz. En la plaza de San Martín, en la conocida como Casa del Almirante, podemos ver la representación de una menorá. 


La menorá es el candelabro de siete brazos, elemento fundamental en el ritual religioso del judaísmo. Los siete brazos de la lámpara de aceite representan los arbustos en llamas que Moisés vio en el Monte Sinaí. La menorá, posiblemente el símbolo más antiguo del judaísmo, aparece en el escudo del estado de Israel.



En la calle Suárez de Salazar encontramos la representación de una januquiá.  


La januquiá, que a veces aparece denominada como menorá, es un candelabro de nueve brazos que se usa en la fiesta de la Jánuca o Lucernarias (fiesta de las luces), que, durante ocho días, conmemora una victoria de los judíos sobre los dominadores griegos y la purificación del Templo de Jerusalén en el siglo II aC. Según la tradición, la liberación del pueblo judío fue posible gracias a que, milagrosamente, el candelabro se mantuvo encendido durante ocho días, pese a que no había aceite suficiente. Por eso la januquiá tiene nueve brazos, uno por cada uno de los ocho días, más el central, que proporciona la llama y guía a los restantes.   



Tanto la menorá, como la januquiá, se colocaron sobre la puerta principal de acceso al edificio, y se colocaron allí para solicitar la protección de la divinidad para los habitantes de la casa. Colocar estos símbolos como elemento protector en los dinteles de las puertas de los judíos, y posteriormente de los cristianos, posiblemente se remonte a la descripción bíblica de la muerte de los primogénitos egipcios, y a cómo se señalaron las casas de los judíos, con ramas de hisopo en el dintel y en las jambas de las puertas, para indicar su pertenencia al pueblo israelita.



En la calle San Francisco, sobre el dintel de una puerta encontramos los Leones de Judá.



El León de Judá es el símbolo de la Tribu de Judá, uno de los hijos de Jacob, que fue quien al bendecir a su hijo lo calificó como “pequeño león”. De la Tribu de Judá fue David, rey de Israel, y también Jesús, al que la tradición cristiana denomina León de Judá.


El León de Judá, situado en puertas u otros elementos arquitectónicos, es otro emblema de la protección divina. Por eso encontramos figuras semejantes a las de Cádiz en diferentes lugares. Por poner un solo ejemplo, en tumbas del cementerio judío de Lesko Polonia (httpriowang blogspot com es)

Las huellas judaicas que hemos señalado en Cádiz, son de gran importancia para la historia y patrimonio de la ciudad, y deben convertirse en objetos de espacial protección histórico-artística.  

3 comentarios:

Jesús dijo...

En Cádiz conservamos los callejones de los moros, los negros y los piratas. Es una pena que falte el de los judíos o calle Judería, pues no sabía de su existencia. Pero ojalá que esto pudiera ser reparado nombrando como Calle Judería a alguna cercana, sin dañar el honor de nadie que haya dado nombre a una calle del Pópulo, como es el caso de Santiago Donday. Mientras tanto, debe conservarse.

De las muestras que se ven en las fotos, sólo conocía los leones de San Francisco, pero los atribuía al escudo de alguna familia noble.

Mariano Del Río dijo...

Interesante y útil artículo.
Sobre la protección que deberían tener, me surgen serias dudas. El giro de la cultura institucional se aparta de estos pormenores. Son más dados al sahumerio y las varillas buscando husillos.

Lucy Isabel De Los Reyes Tovar dijo...

Este diciembre voy de visita a Cadiz y estas fotos me ayudan mucho, lo primero es ir a la Carraca, que el sitio en donde muere el General Francisco de Miranda y por supuesto indagar, buscar y encontrar huellas....bellas tus fotos.