sábado, 10 de diciembre de 2016

De reina a diosa, de damas a ninfas.


Vuelven los rumores sobre la supresión, o mantenimiento, de las ninfas del Carnaval, como ocurrió el año pasado cuando se dijo que se suprimían las ninfas y se iba a nombrar un dios del Carnaval, para acompañar a la diosa. Al final, se dejó todo como estaba, por eso este año el gobierno municipal vuelve a las dudas y la ciudad a la rumorología.

Por si sirve de algo, cabe recordar que, salvo algún caso suelto en bailes privados, la creación de la figura de la "Reina de las Fiestas Típicas Gaditanas" y su corte de "Damas de Honor" es reciente, poco más de sesenta años, puesto que la primera reina fue nombrada en 1956, recayendo el nombramiento en María Rosa Abarzuza, apellido de raigambre en la alta burguesía gaditana y de cierta importancia en el régimen de Franco.

Y es que, desde el primer año, las figuras de la "reina las damas de honor", cobraron un carácter protocolario y político indudable puesto que las elegidas, salvo contadas excepciones, eran jóvenes relacionadas por vínculos familiares y afectivos con alguna personalidad del régimen franquista, ya fuera nacional, provincial o local. 
La reina y su corte gozaron muy pronto de un protocolo y programa especial, copiados de las ceremonias de los “juegos florales”, de moda en el primer tercio del siglo XX, y que en Cádiz se recuperaron tras la contienda bélica 1936-1939.

La reina era coronada en el salón de Plenos del ayuntamiento, y después salía a saludar a sus “súbditos” desde el balcón principal de las Casas Consistoriales. En su programa se mezclaron los actos reservados a la élite social gaditana, con otros de marcado carácter populista. Por ejemplo, la ceremonia de coronación estuvo reservada a invitados cuidadosamente elegidos entre la buena sociedad gaditana, que asistían a una cena de gala y un baile de honor. Pero también la reina era la encargada de autorizar el comienzo del recorrido de las agrupaciones –que previamente cantaban el himno de las fiestas, “Los duros antiguos”-, realizaba una ofrenda floral a la Patrona, la virgen del Rosario, visitaba los denominados “barrios populares” y repartía limosnas entre los pobres.

A partir de 1961 la ceremonia de entronización se decidió que fuera pública, por lo que desde dicho año se comenzó a levantar un gran escenario para la coronación de la reina delante de la fachada del Ayuntamiento, para que el pueblo pudiera asistir en pleno a la ceremonia, eso sí, tras varias filas de sillas ocupadas, las primeras por el protocolo y los invitados, y las siguientes por quienes pudieran alquilarlas para asistir a la ceremonia.

Tras la coronación, y sin olvidar las fiestas y actos en su honor que se organizaban, el acto cumbre del reinado era la presidencia, desde una carroza, de la gran cabalgata que recorría las calles de la ciudad el primer domingo de las fiestas, desfile que culminaba con la quema del Dios Momo, representación de no se sabe qué, pues no podría representar a un Carnaval prohibido. Tras la quema, se lanzaba un “castillo de fuegos de artificio”.

A partir de 1958 se decidió copiar el esquema de la reina de las Fiestas en menor escala, eligiendo una Reina Infantil -para la que fue elegida el primer año una sobrina del propio alcalde, Mª Antonia Alcántara-, y su correspondiente corte de damas infantiles, con similares características socio-políticas para su elección. Con las niñas se repetía el prácticamente el mismo programa que con la reina mayor, cambiando la cena de gala por una merienda o la entronización en el ayuntamiento, por una fiesta infantil y ceremonia de coronación en el teatro Falla. Posteriormente también la coronación pasó a desarrollarse en el “trono” de San Juan de Dios.
Como en el caso de la reina mayor, la infantil presidía la cabalgata del domingo de Piñata, que culminaba con la quema de la “Bruja Piti”, seguida de los consabidos fuegos artificiales, cerrando así las fiestas anuales.

Así continuó la organización de esta parte de la fiesta hasta las elecciones municipales de abril de 1979 que, tras un pacto de izquierdas, le dieron la alcaldía al socialista Carlos Díaz. En la primera corporación democrática fue nombrado delegado de fiestas el comunista José Mena, que creó una Comisión Ciudadana, consultiva y popular, que decidió que no podía haber reina y damas, pero sin atreverse a quitarlas, las sustituyeron por “Diosa” y “Ninfas”.

Hubo cambios notables, sobre todo por la elección, mediante concurso, de las ninfas y diosa, por la supresión de los banquetes y bailes de gala, o por la proclamación de la diosa, que pasó a realizarse en el tablado de la plaza de San Antonio, pero en lo esencial, se mantuvo el esquema, y así se ha mantenido hasta ahora, con unas ninfas elegidas mediante un concurso que, ciertamente, más parece un certamen de belleza que otra cosa, pero la gente parece que se ha acostumbrado.

Al ayuntamiento actual, al equipo de gobierno que preside José María González, le toca decidir, pero que decidan de una vez por todas -al menos por lo que queda de legislatura-, para que no estemos cada año fomentando una polémica absurda, pues para lo único que sirve es para enrarecer el ambiente, ya de por sí enrarecido, de la ciudad.

En la foto, Maribel Fraga -hija del entonces ministro de Información y Turismo, Manuel Fraga Iribarne-, reina de las fiestas en 1965.
Los datos proceden de mi libro El Carnaval secuestrado, editado por Quorum en el 2002.

2 comentarios:

Ana dijo...

Investigaciones posteriores, admirado profesor, adelantan a 1954 la aparición de esta figura ornamental, asumida por algunos sectores como una tradición poco menos que secular.

Se desconoce la argumentación para establecer tal figura, ya que la estela documental, si existió, se ha esfumado sin rastro pues no figura en el expediente, caja 3357, que contiene los 333 documentos relacionados con las Fiestas de Coros, como se denominó en 1954 al sucedáneo del Carnaval. Para la cabalgata organizada por el Ayuntamiento denegaron su colaboración la mayoría de las empresas e instituciones a las que se solicitó, entre otras Osborne, Nestlé, Empresa Nacional Bazán, Cámara de Comercio, Industria y Navegación, Gobierno Militar o Diputación alegando que no tenían presupuesto. Sí que contribuyó la factoría de Astilleros Españoles con la carroza sobre la que desfiló el coro de “Las Máscaras Caprichosas”.
De vuelta a la primera reina, se sabe de ella por la reivindicación de su prima Regla, molesta por el olvido en los Medios y en especial por una exposición organizada hace unos años por Diputación sobre Carnaval. No obstante, en el expediente no se localiza ningún informe o propuesta que determine cómo y para qué se estableció la figura de la Reina de las Fiesta, que inauguró la joven Rosa Terrada Doncelmoriano, estudiante del Instituto Columela. [http://www.gentedecadiz.com/?p=192] Por la entrevista publicada en Diario de Cádiz, se conoce que el primer procedimiento de elección de la Reina se hizo a través de los institutos de la ciudad.

Menos datos biográficos se han localizado sobre su sucesora, Dolores Solino Sánchez, reina en 1955. Su domicilio estaba en la calle Lage (sic) (rectificado: Ángel, 16 y 18) y se supone que tendría una bonita figura, ya que la casa Brotons, que alquilaba la indumentaria para la cabalgata, así como para la reina y su corte de damas, sugirió al Ayuntamiento que para todas las figurantes femeninas se escogiera a las “que sean de buen tipo” (AHMC 6261-105); también se conoce que el Ayuntamiento consignó en gastos una primera gratificación de 200 pesetas para la reina y su corte (AHMC 6261-078) y una segunda que ascendió a 834,50 pesetas (AHMC 6261-341) por igual concepto. Una volatina en papel verde anuncia la presencia de la reina de la Fiesta de Coros y Chirigotas de 1955, sin mencionar su nombre, en el acto de entrega de los premios a las cinco agrupaciones ganadoras, que se celebraría la tarde del domingo 20 de febrero de 1955 en la plaza de San Antonio (AHMC 6261-055).

También se localiza la relación de prendas que lucirían la reina, Dolores Solino: “Túnica, seda blanca; manto rosa con ramos; banda y corona”, y las chicas de su corte, que componían Josefa Carrillo, domiciliada en San Telmo, 3, con túnica de seda rosa, manto celeste, singulo (sic) verde, con lentejuelas rosa; Matilde Mey Miranda, Cruz, 16, que vestiría de Manola con manteleta, todo en azul y negro; María Cañero, Brunete,7, con túnica naranja, manto blanco, singulo (sic) verde; Mely Santander, Bendición de Dios, 18, cuya indumentaria no especifica; Antonia Mey, hermana de Amelia y como ella vestida de manola con manteleta, en este caso en rosa y negro, y Luisa Márquez, convecina de las anteriores en la calle Cruz, disfrazada de Arlequín con falda y chaquetilla azul celeste con lunares negros (AHMC 6261-099)

Con humildad, y con todo mi reconocimiento por su docencia y por dirigirme el trabajo de la tesis doctoral, publicada, con prólogo de su autoría, que le agradezco, bajo el título de "El Tipo en en el Carnaval de Cádiz. ...", publicado por Qbook en 2015, tesis en la que, a través de la indumentaria tuve ocasión de profundizar en la investigación de la Historia del Carnaval de Cádiz, por lo que me atrevo a añadir esta ampliación a su fundamentado comentario.

ARS dijo...

Muy agradecido por tu documentada aportación, que enriquece lo que se sabía, incluso por el hecho de que, por lo que se deduce, parece que una primera figura a la que no se le dio demasiada importancia, posteriormente percibieron que podía ser útil y comenzaron a servirse de ella con desmedido interés.