sábado, 6 de septiembre de 2014
Siguen los problemas en la Escuela de Hostelería de Cádiz
Lo de la Escuela de Hostelería de Cádiz no tiene nombre, ni apellidos, ni nada de nada. Otra vez los buenos profesionales de una Escuela que ha formado a grandes cocineros y responsables de sala, llevan cuatro meses sin cobrar y, a estas alturas del mes de septiembre, todavía no saben cuando se abrirá la matrícula para el próximo curso.
Dice Fernando López Gil, delegado de la Junta de Andalucía en Cádiz, que el problema es el sistema de funcionamiento escogido, un consorcio con varias administraciones que no funciona. No estaría de más que se hicieran públicas las cuentas y las aportaciones de las administraciones participantes, para saber el grado de cumplimiento de cada una.
Pero, no obstante, la solución parece depender, sobre todo, de la Junta, que lleva ya demasiado tiempo sin solucionar el conflicto. Esperemos que esta vez, y definitivamente, se solucione el problema, pues la Escuela ha realizado una gran tarea, y debe seguir formando profesionales de hostelería, que buena falta hacen.
Más información aquí.
Casa Lazo
El establecimiento de la calle Barrié, que comanda Eduardo, está día tras día manteniendo una buena línea culinaria, con una relación precio calidad muy adecuada. Buen personal en la barra y en la cocina garantizan la continuidad de la buena trayectoria.
Sin olvidar los productos ibéricos que constituyen la primera base del local -buenos embutidos ibéricos-, hay que apuntar algunos de los buenos platos que, en diversas ocasiones, hemos probado en Casa Lazo, como el revoltiajillo, la presa a la plancha -con un corte más grueso de lo que habitualmente se estila, lo que la mejora notablemente-, las tostas, o la carrillada guisada. Destacan unas papas aliñás con cebolla morada, que se sitúan entre las tres o cuatro mejores de Cádiz.
El buen trato al bacalao, a la plancha o frito en taquitos, siempre en su punto
Una buena preparación del tataki de atún
Y la brocheta de pulpo, uno de los mejores pulpos de Cádiz, aunque a veces se les va la mano con el pimentón picante en las patatas que lo acompañan, detalle que hay que cuidar.
Sin olvidar los productos ibéricos que constituyen la primera base del local -buenos embutidos ibéricos-, hay que apuntar algunos de los buenos platos que, en diversas ocasiones, hemos probado en Casa Lazo, como el revoltiajillo, la presa a la plancha -con un corte más grueso de lo que habitualmente se estila, lo que la mejora notablemente-, las tostas, o la carrillada guisada. Destacan unas papas aliñás con cebolla morada, que se sitúan entre las tres o cuatro mejores de Cádiz.
El buen trato al bacalao, a la plancha o frito en taquitos, siempre en su punto
Y la brocheta de pulpo, uno de los mejores pulpos de Cádiz, aunque a veces se les va la mano con el pimentón picante en las patatas que lo acompañan, detalle que hay que cuidar.
viernes, 5 de septiembre de 2014
Información independiente
Independencia periodística se llama a eso.
Decía Teófila que eran discrepancias técnicas...
En estos días, en los que hay un evidente parón en las obras del nuevo puente, hemos escuchado y leído a la alcaldesa de Cádiz y diputada del PP, Teófila Martínez, decir que no era cuestión de dinero, que no eran problemas económicos, si no discrepancias técnicas entre Fomento y la empresa constructora. Lo podemos recordar aquí.
Sin embargo, parece que no es así, que pese a la información de primera mano que dice manejar la alcaldesa, que además afirma que los de la oposición no se enteran, el parón en las obras es un problema de dinero: Dragados le ha pedido al ministerio de Fomento que abone una partida económica, para terminar el tramo atirantado, y el ministerio ha contestado que no tiene dinero, que no tiene efectivo, que a estas alturas del año -¡septiembre!- carece de liquidez.
Incluso, se sabe ahora, empresas subcontratadas por Dragados para la construcción de piezas del puente, se han quejado de que tardan entre ocho y nueve meses en cobrar su trabajo, situación insostenible para algunas, que han invertido y contratado personal para cumplir los encargos en el plazo estipulado. Se puede leer aquí.
Pero hay una buena noticia en medio de tanta mala. La llave para solucionar el asunto la tiene Cristóbal Montoro, ministro de Hacienda, amigo de Teófila Martínez, que presentó con la alcaldesa el plan de mejora de la Zona Franca y la creación de 5.000 puestos de trabajo, hace tres años, en plena campaña electoral. Seguro que con una llamadita, quizás incluso con un simple guasa de Teófila a Cristóbal, vuelven a llover millones.
Y sobre los cinco mil puestos de trabajo prometidos, aunque todavía no se ha creado ninguno, no hay problema, lo volverán a prometer en la próxima campaña electoral. Y tan panchos.
Sin embargo, parece que no es así, que pese a la información de primera mano que dice manejar la alcaldesa, que además afirma que los de la oposición no se enteran, el parón en las obras es un problema de dinero: Dragados le ha pedido al ministerio de Fomento que abone una partida económica, para terminar el tramo atirantado, y el ministerio ha contestado que no tiene dinero, que no tiene efectivo, que a estas alturas del año -¡septiembre!- carece de liquidez.
Incluso, se sabe ahora, empresas subcontratadas por Dragados para la construcción de piezas del puente, se han quejado de que tardan entre ocho y nueve meses en cobrar su trabajo, situación insostenible para algunas, que han invertido y contratado personal para cumplir los encargos en el plazo estipulado. Se puede leer aquí.
Pero hay una buena noticia en medio de tanta mala. La llave para solucionar el asunto la tiene Cristóbal Montoro, ministro de Hacienda, amigo de Teófila Martínez, que presentó con la alcaldesa el plan de mejora de la Zona Franca y la creación de 5.000 puestos de trabajo, hace tres años, en plena campaña electoral. Seguro que con una llamadita, quizás incluso con un simple guasa de Teófila a Cristóbal, vuelven a llover millones.
Y sobre los cinco mil puestos de trabajo prometidos, aunque todavía no se ha creado ninguno, no hay problema, lo volverán a prometer en la próxima campaña electoral. Y tan panchos.
jueves, 4 de septiembre de 2014
Descarga libre de los Cuadernos de Hª Contemporánea
El Centro de Estudios Andaluces ha establecido la descarga libre, en PDF, de los cuatro primeros números de los Cuadernos de Historia Contemporánea desde su página web.


miércoles, 3 de septiembre de 2014
El paseo de Teo incumple los plazos, naturalmente...
Otra obra municipal que no cumple los plazos, y con esta van...
Ni el paseo de Teo se libra de la esencia de las obras municipales: el retraso en cumplir los plazos anunciados, en este caso doblemente.
Ni el paseo de Teo se libra de la esencia de las obras municipales: el retraso en cumplir los plazos anunciados, en este caso doblemente.
Aunque fue en junio de 2011 cuando Teófila Martínez y su equipo de gobierno
municipal presentaban el diseño "de un nuevo atractivo turístico", la pérgola-mirador de Santa Bárbara, hubo que esperar al 18 de febrero de 2012 para conocer sus características, momento en el que se anunció que la liviana estructura acristalada estaría lista en el verano de 2013.
Sin embargo, en mayo de 2013, otra rueda de prensa -la cuarta o quinta de la alcaldesa para hablar de la la pérgola- anunciaba la licitación de la obra, y el 7 de agosto de 2013, en otra rueda de prensa, se dijo que, por fin, se había firmado el contrato para su construcción -para entonces el presupuesto había pasado de 2,5 a 1,5 millones de euros-, con un plazo de ejecución de doce meses,
por lo que las obras deberían estar terminadas en agosto de 2014.
Ni en el verano de 2013, ni en agosto de 2014, así estaba la obra a 30 de agosto:
Podrían aprovechar que no está acabado y tirarlo todo...
Hoy, como ayer. Ramón y Cajal en Cádiz
Me envía mi amigo Salvador Luna la narración de Ramón y Cajal de su breve estancia en Cádiz y, leyéndola, no se puede evitar pensar que, en el trato al forastero, hay cosas que no han cambiado.
Licenciado en Medicina, Santiago Ramón y Cajal se incorporó a la Sanidad Militar. En 1874 fue destinado a Cuba y, para dirigirse a su destino, pasó por Cádiz. Esta fue su impresión:
"Provisto, pues, de mis cartas y recibida la paga de embarque, me trasladé a Cádiz, donde debía zarpar el vapor España con rumbo a Puerto Rico y Cuba.
(...)
Supongo que, desde tan remota fecha, las cosas habrán cambiado mucho, y que las autoridades locales, celosas del buen nombre de la ciudad y atentas a la salvaguarda de sagrados intereses económicos, se habrán dado maña para desterrar tamaños excesos. Porque estas cosas, que parecen pequeñas, tienen suma transcendencia para la prosperidad de un emporio comercial. En cuanto a mí, quedé tan escarmentado, que jamás, ni aun habiendo pasado después varias veces en mis jiras andaluzas cerca de la patria de Columela, he sentido tentación de visitarla.
Hay abusos que no se olvidan jamás. Y no me extrañó cuando supe, años después, que casi toda la actividad comercial y marítima de Cádiz había sido absorbida por Barcelona, siendo poquísimos los barcos nacionales y extranjeros que hacían escala en aquella ciudad".
Licenciado en Medicina, Santiago Ramón y Cajal se incorporó a la Sanidad Militar. En 1874 fue destinado a Cuba y, para dirigirse a su destino, pasó por Cádiz. Esta fue su impresión:
"Provisto, pues, de mis cartas y recibida la paga de embarque, me trasladé a Cádiz, donde debía zarpar el vapor España con rumbo a Puerto Rico y Cuba.
(...)
La impresión que me produjo la tacita de plata, con sus casas blancas, sus calles aseadas, rectas, cruzadas en ángulo recto y oreadas por la brisa del mar, fue excelente. No fue tan grata la causada por los gaditanos. Acaso por mi aire de doctrino, que convidaba a la burla, o por el hábito consuetudinario de explotar sin conciencia al forastero, ello es que, en los dos o tres días pasados en la ciudad andaluza, sólo tuve desazones.
Ya, al salir de la estación, topé con una caterva de faquines y granujas que, sin hacer caso de mis protestas, repartióse instantáneamente mis efectos; y al llegar al hotel (recuerdo que era el Hotel del Telégrafo), se armó formidable trapatiesta sobre si éste llevó un paraguas, esotro una maleta, aquél un bastón y el de más allá creyó oír la orden de cargar con el baúl, adelantándosele un compañero... Poco menos que a empellones tuve que sosegar a aquella chusma, amén de repartir buen puñado de pesetas; y eso ante las barbas de los representantes de la autoridad, que lo tomaban todo a chacota.
Llegado el siguiente día, visité algunos comercios. Sorprendióme el escandaloso precio de las prendas de uso común: por un sombrero que en Madrid costaba veinticuatro reales, pedíanme en todas las tiendas cincuenta. Un compañero más avisado que yo me aclaró el enigma, informándome que los marchantes gaditanos estaban confabulados para saquear metódica y despiadadamente al forastero, singularmente al indiano, encareciendo hasta el doble el costo de las ropas, sombreros y artículos de viaje. En las calles, resultaba oneroso preguntar a un mirón o a un mozo de cuerda, porque a seguida alargaba la mano para cobrarse el servicio. Tan en las entrañas de aquella gente estaba la explotación inconsiderada del extraño, que hasta los mozos del hotel cobraban un tanto por ciento por cada viajero conducido a tiendas, cafés o casas de recreo. A las cuales me abstuve de asistir, recordando los regalos con que las gaditanas obsequiaron a Alfieri.
Para terminar con estas enfadosas socaliñas, referiré lo que me ocurrió al embarcarme. Ajusté un bote en el puerto para abordar el vapor, y hacia el comedio de la travesía, se me plantó en seco el patrón. Y dejando los remos, me dijo «que por reinar furioso levante debía yo, según tarifa, abonarle el doble por adelantado». A todo esto faltaba media hora escasa para la salida del trasatlántico. Exasperado por el cinismo del patrón y harto de sonsacas y burlas, fuime derecho al truchimán, y agarrándole por el cuello le grité con voz colérica: «¡O rema usted con toda su alma, o le rompo ahora mismo el bautismo!»... Por fortuna, al sentir las rudas caricias de mis puños, amansose el pillastre, tornando con ardor a la faena y murmurando «que todo había sido pura broma». El terrible levante se había desvanecido en un santiamén.
Supongo que, desde tan remota fecha, las cosas habrán cambiado mucho, y que las autoridades locales, celosas del buen nombre de la ciudad y atentas a la salvaguarda de sagrados intereses económicos, se habrán dado maña para desterrar tamaños excesos. Porque estas cosas, que parecen pequeñas, tienen suma transcendencia para la prosperidad de un emporio comercial. En cuanto a mí, quedé tan escarmentado, que jamás, ni aun habiendo pasado después varias veces en mis jiras andaluzas cerca de la patria de Columela, he sentido tentación de visitarla.
Hay abusos que no se olvidan jamás. Y no me extrañó cuando supe, años después, que casi toda la actividad comercial y marítima de Cádiz había sido absorbida por Barcelona, siendo poquísimos los barcos nacionales y extranjeros que hacían escala en aquella ciudad".
El muelle gaditano hacia 1870
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