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sábado, 31 de marzo de 2012

Paseos turísticos

Tras las jornadas del 18 y 19 de marzo, entre las ideas más repetidas, a modo de conclusión, se ha reiterado en los medios de comunicación, tanto por sectores profesionales, como por comerciantes, hosteleros y representantes políticos, que hay que aprovechar las condiciones de la ciudad como destino turístico prolongado, teniendo en cuenta que, generalmente hace buen tiempo, que la temperatura media es suave, que es una hermosa ciudad, con buenos vinos y comidas.
Y en esa línea no está de más mirar hacia otros lugares y copiar ideas buenas. En Cádiz, como en otras muchas ciudades del mundo, existen autobuses turísticos; los de Cádiz recuerdan a los clásicos autobuses urbanos ingleses. Pero creo que habría que buscar un diseño original, que entronque con características de la ciudad.
Por ejemplo, en Dublín circulan autobuses que imitan burdamente una nave vikinga, y sus pasajeros se divierten con los gorros de cuernos

En Berlín he visto otro tipo de transporte, más ecológico -se desplaza a pedales con el esfuerzo de quienes lo contratan- y, además, ofrece un servicio muy del gusto de alemanes y quienes visitan la capital alemana: la cerveza

Estoy seguro que una iniciativa así tendría éxito en Cádiz, incluso que muchos usuarios serían gaditanos y residentes en Cádiz.

domingo, 13 de noviembre de 2011

Centro comercial abierto


A mediados del pasado septiembre el centro de Cádiz recibió una distinción del Consejero de Turismo de la Junta de Andalucía, Luciano Alonso, como centro comercial abierto. Esta misma semana encontré a varios turistas mirando los escaparates y consultando los horarios de varios comercios en la calle Columela, comprobando que tenían que embarcar antes de que las tiendas abrieran. 
Ya sé que es un debate complejo, pero hay que convenir que la mayoría de las tiendas del centro de Cádiz cierran, aproximadamente, entre las 13:30 y 18 horas, por lo que los turistas se encuentran todo cerrado -excepto bares- durante ese intervalo de, más o menos, cuatro horas. Sin embargo, aunque a muchos les parezca mentira, a esas horas hay muchos paseantes por la ciudad, personas que querrían, o podrían, comprar y no pueden hacerlo, con lo cual su dinero, sobre todo el de los que nos visitan, se lo gastarán en otra parte. Por eso pienso que habría que hacer un esfuerzo, pues tal y como están las cosas, no creo que la ciudad pueda permitirse esas pérdidas, estos horarios que parecen decir a los turistas "esto es lo que hay, si no, que se vayan a gastar a otro sitio". 


En la imagen, el horario de un gran comercio en Dublín. Carteles similares se encuentran en muchas tiendas del centro de la capital irlandesa.

sábado, 17 de septiembre de 2011

La memoria de una ciudad

            Es bueno moverse, conocer otras poblaciones, otras culturas y otras formas de entender la vida. Viajar abre horizontes y mentes, ayuda a ver las cosas de otra forma, incluso a valorar mejor lo que tenemos. Y a estimar que en todas partes, no sólo en Cádiz, hay cosas buenas.
            Cuando tengo la oportunidad de viajar, sea por trabajo, sea por ocio, procuro fijarme en cómo en otros lugares aprecian lo propio, en cómo valoran y cuidan su pasado, en cómo honran su historia y a sus personajes, en cómo la ciudadanía contribuye a reforzar las señas de identidad de su localidad, de su ciudad. Y uno de los mejores símbolos de esa reivindicación de su pasado, de su memoria colectiva, se refleja en el recuerdo histórico y en la huella reciente que se refleja en pequeños detalles.
            Por ejemplo, en México no es difícil ver en las fachadas de muchos edificios pequeños recordatorios de la función que tuvieron en épocas anteriores, o de quienes fueron sus promotores o propietarios. En Veracruz el edificio que fue faro en 1872 recuerda que se denominó Benito Juárez y una placa inferior indica que si ahora está en la calle Morelos, en 1850 era la calle de la playa. 


Y en ciudad de México es fácil encontrar pequeños azulejos que recuerdan que, por ejemplo, determinado edificio fue la casa de los Adelantados de Nueva Galicia en 1530. 



En Quito, en un edificio moderno, una pequeña placa de mármol recuerda que en ese lugar estuvo el edificio desde el que Manuela Sáenz saludó al libertador Bolívar, al que después se unió. 



En Berna hay un recuerdo grabado en la casa en la que Albert Einstein vivió entre 1903 y 1905 trabajando en la teoría de la relatividad. 



En Ginebra un rótulo conmemora la fundación de la Cruz Roja. 




En Dublín, una serie de placas de fundición muestran un itinerario monográfico sobre James Joyce, y otro muestra el camino sobre el barrio medieval y vikingo. 



En Londres, placas circulares, casi siempre de color azul, indican, por ejemplo, que en determinado edificio T.S. Elliot trabajó para Faber&Faber, o que John Lennon estuvo allí. 



E instructivo es ver, generalmente grabados en adoquines, los nombres de ciudadanos que contribuyeron con mínimas aportaciones a restaurar un monumento, un espacio público o financiar una actividad cultural, como se pueden ver en Berna o en la irlandesa población de Kenmare.






            Ahora que Cádiz se acerca al bicentenario de uno de sus momentos históricos más brillante, no estaría mal tomar ejemplo y dejar establecido, mediante sencillos testimonios en edificios o en el pavimento, un recorrido por la memoria de la ciudad constitucional.

Publicado en Diario de Cádiz, 17 de septiembre de 2011