martes, 10 de febrero de 2015

El Oratorio, símbolo del fracaso del Bicentenario


Cuando se comenzó a debatir, hace casi nueve años, sobre la rehabilitación del Oratorio de San Felipe Neri para el Bicentenario de la Constitución de 1812, la sorpresa que causó el rechazo de algunas personas a su uso, con la excusa de una hipotética desacralización, me hizo publicar algunos artículos en Diario de Cádiz sobre el asunto, ya que, como otros muchos, consideraba que el acuerdo entre la Junta de Andalucía y el Obispado de Cádiz era positivo para la ciudad.

Lamentablemente, la primera idea, que pretendía convertir el conjunto formado por el Oratorio y el colegio en un centro internacional de estudio, análisis, defensa y referencia de la libertad y los principios democráticos, en un centro de estudios sobre el constitucionalismo en España e Iberoamérica, no encontró respaldo en la ciudad, incluso con lo que se topó fue con un rechazo incomprensible del AMPA del centro y del ayuntamiento, a los que se unieron un colectivo de poco más de doscientas personas que lograron finalmente se olvidara.

Finalmente, tras aclarar el Obispado y la Junta que nunca se había hablado de la desacralización, se logró un acuerdo de rehabilitación del Oratorio y la adecuación del edificio anexo para un centro de interpretación. Cuando se inauguró el edificio rehabilitado y el centro, que incluía la proyección en la cúpula del Oratorio un breve documental sobre las Cortes en San Felipe, todos aplaudieron la obra realizada.

La sorpresa vino tras terminar el año 2012, cuando el Obispado, dirigido por un nuevo titular, cerró la comunicación del Oratorio con el Centro de Interpretación, incluso dificulta, a día de hoy, su visita como el lugar en el que se redactó y proclamó la primera Constitución española, la gaditana de 1812.

Pero por mucho que les moleste, por mucho que traten de ocultarlo y por mucho que impidan actividades y visitas de quienes ven en el Oratorio de San Felipe Neri el lugar donde nació el constitucionalismo español, hay que recordarles que el Oratorio es famoso, es importante en la historia, no solo de España, por haber sido la residencia de las Cortes que elaboraron la primera Constitución española, el Oratorio es famoso por haber nacido en él la Constitución de 1812.

Y, en su situación actual, de uso restringido y visitas condicionadas, olvidando, incluso ocultando, su carácter de templo constitucional, no es más que un símbolo de la intolerancia y del fracaso del Bicentenario.

Thomas Piketty y América Latina

Piketty y América Latina

por Juan J. Paz y Miño Cepeda

EL TELÉGRAFO - Primer Diario Público
Ecuador, lunes 9 de febrero de 2015

Juan J. Paz y Miño Cepeda

Thomas Piketty, reconocido mundialmente por su libro "El capital en el siglo XXI", estudió la dinámica histórica de los ingresos y la distribución de la riqueza. El autor sostiene que el tema mereció debates entre economistas como Malthus, Young, Ricardo y Marx. Predominó, dice, la falta de fuentes y considera que Kusnetz fue pionero en abordar el tema con fuentes y estadísticas seguras. Piketty examina un impresionante material que cubre por lo menos dos siglos, pero su investigación se concentra, particularmente, en Francia, EE.UU., Reino Unido, Alemania, Suecia, Canadá, Japón, Italia, España, Dinamarca, Australia.
Piketty no estudió América Latina. Y en su reciente visita (mediados de enero 2015) a la Cepal (Comisión Económica para América Latina), su secretaria ejecutiva, Alicia Bárcena, le hizo conocer la coincidencia de estudios realizados por la institución durante una década, cuyos resultados se han difundido en tres libros: "La hora de la igualdad: brechas por cerrar, caminos por abrir" (2010); "Cambio estructural para la igualdad: una visión integrada del desarrollo" (2012) y "Pactos para la igualdad: hacia un futuro sostenible" (2014).
La Cepal ha demostrado que América Latina es la región más inequitativa del mundo. Y si Piketty encuentra que la concentración de la riqueza y, por tanto, la desigualdad, se ha debido a que, en última instancia, la tasa de rendimiento del capital (r) es mayor que la tasa de crecimiento económico (g) (es decir r > g), en América Latina el examen de la desigualdad tendría que concluir que ella también tiene su componente histórico en la colonización, la dominación oligárquica y el saqueo imperialista, entre otros procesos que se han impuesto sobre los mecanismos meramente económicos.
Una información recientemente difundida por el World Ultra Weath Report del banco suizo UBS-AG, vuelve a comprobar la escandalosa concentración de la riqueza en América Latina: en Brasil hay 4.015 multimillonarios con $ 770.000 millones; en Argentina, 1.100 con $ 150.000 millones; Colombia, con 635 y $ 80.000 millones; Chile, con 515 y $ 65.000 millones; Perú, con 470 y $ 60.000 millones; Venezuela con 435 y $ 55.000 millones; Bolivia, con 205 y $ 25.000 millones; Paraguay, con 175 y $ 25.000 millones; Uruguay, con 120 y $ 17.000 millones. El caso de Ecuador sigue la línea: hay 265 personas que en conjunto acumulan 30.000 millones de dólares.
Piketty considera que uno de los mecanismos que contribuyen a la equidad social son los fuertes impuestos progresivos sobre la renta. Pero en Ecuador, por iniciativa del Partido Social Cristiano, el impuesto a la renta fue suprimido entre 1998-1999, bajo el gobierno de Jamil Mahuad (1998-2000). Es que en América Latina acordar impuestos sobre los ricos, y particularmente a sus rentas o patrimonios, todavía suena a ‘confiscación’. Sin embargo, como ocurre en Ecuador, todavía falta tomar más medidas económicas e incluso aumentar el impuesto a la renta sobre los ricos, para dirigir un camino que conduzca a la mayor equidad social.

lunes, 9 de febrero de 2015

Transparencia municipal

No hace mucho el ayuntamiento de Cádiz proclamaba que había obtenido 82,5 puntos, sobre 100, en un ranking de transparencia.

Pero no en todos saca la misma puntuación. En uno de los más considerados, el que elabora la Universidad Rey Juan Carlos, sobre los municipios de más de 50.000 habitantes, el ayuntamiento de Cádiz obtiene 2,6 puntos, sobre 5, lo que quiere decir que si fuera sobre 100, obtendría 52, aprobado justito.

Este es el rankig, publicado el 31 de julio de 2014.


Alvear no fue el único salvador de Cádiz

Diego de Alvear. Museo Naval.

No digo yo que el brigadier Diego de Alvear no se merezca un homenaje y un busto en Cádiz, pero de ahí a afirmar que fue el que salvó a Cádiz de los franceses, me parece una injusta exageración.

Tras la victoria en Ocaña (19/11/1809), el ejército napoleónico inició la invasión de Andalucía al mando del general Victor. El día 1 de febrero el ejército francés entró en Sevilla, donde Victor decidió dar un descanso a sus tropas durante dos días, una decisión que fue de suma importancia para la defensa de Cádiz, ya que cuando el ejército francés cruzó Sierra Morena el duque de Alburquerque, que se encontraba operando por Extramuros, consciente del peligro que suponía la ocupación de Andalucía, decidió, pese a órdenes en sentido contrario, dirigirse hacia Sevilla, ciudad que incluso se planteó reconquistar, pero ante la dificultad de lograrlo concluyó que la mejor posibilidad de defensa era mantener libre la ciudad de Cádiz, para desde aquí, con la unión de su ejército y los barcos españoles anclados en la bahía gaditana, iniciar acciones defensivas y de acoso al ejército francés. Además manteniendo libre el puerto de Cádiz, los abastecimientos no podían faltar, ni la unión con América, que se consideraba fundamental para la  resistencia.

Alburquerque obligó a sus tropas a una carrera vertiginosa y, con los enemigos pisándoles materialmente los talones, el día 2 de febrero entraron en la Isla de León las primeras avanzadillas del ejército de Extremadura, y el propio Alburquerque entró en la Isla el día 4 con el grueso de su ejército, un contingente de tropas cansado y hambriento que fue aclamado por la población como sus auténticos salvadores, pues ciertamente la llegada de este ejército, y las decisiones que inmediatamente se tomaron, fueron fundamentales para la defensa de la San Fernando y Cádiz: se reorganizó la defensa, se reforzaron las fortificaciones y baterías, etc.

El conjunto de la Isla de León y Cádiz estaba históricamente bien guarnecido, y además se había estado preparando para la guerra desde mediados de 1808. Incluso para reforzar las defensas de Cádiz un proyecto de 1800, siendo gobernador de Cádiz Tomás de Morla, se comenzó a ejecutar en el verano de 1808: el Fuerte de la Cortadura de San Fernando, una obra que se culminó durante el asedio, con la colaboración voluntaria del vecindario de Cádiz en los primeros momentos de la construcción. También antes de 1810, Francisco Javier de Uriarte, Capitán  General de Andalucía, había ordenado reforzar las baterías del puente Suazo y las fortificaciones de Sancti Petri, que a la  postre resultaron fundamentales.

Un día después de la entrada en la Isla de León de las tropas de Alburquerque, llegó el ejército del mariscal Victor que se detuvo frente a la Isla de León el día 5 de febrero. Victor venía al frente del primer cuerpo del ejército francés, compuesto por cuatro divisiones que sumaban unos 16.000 combatientes, sin contar mandos y fuerzas auxiliares.

Para organizar la defensa, en Cádiz estaban los regimientos de Irlanda, de Zaragoza y el de Órdenes Militares y en la Isla de León fuerzas de marina e infantería de marina y se creó la Legión Real de Marina al mando del brigadier Serrano Valdenebro. A estas fuerzas se sumaron las del ejército de Extremadura, compuesto por una variada diversidad de cuerpos de diferentes procedencias: Imperiales de Toledo, Granaderos de Canarias, Guardias Walonas, etc., a los que se sumaban varios de Caballería al mando del general José de Lardizábal. El mando supremo se otorgó al duque de Alburquerque, teniendo como Segundo Jefe en el gobierno militar y político al mariscal de campo Andrés López y Sagastizábal. Conviene señalar que la dirección militar de la defensa de la Isla de León y Cádiz cambió con frecuencia a lo largo del asedio francés, destacando en la defensa de la Isla y Cádiz militares como Blake, Zayas, duque del Parque, Lapeña, Eguía, Lacy, Copóns, etc

Además de los ejércitos españoles citados, había en Cádiz fuerzas inglesas y portuguesas, unos 5.000 soldados, al mando del general William Stewart, a quien pronto sustituyó el general Graham, y que tuvieron a su cargo la defensa de los restos del fuerte de Matagorda que ingenieros británicos y españoles decidieron reforzar, así como la defensa y reforzamiento de la línea de la playa, en el istmo gaditano, para complementar la defensa del castillo de Sancti Petri.

A estos cuerpos militares se unieron los de voluntarios formados por vecinos de Cádiz y la Isla: los Escopeteros Salineros, Artilleros Voluntarios, Milicias Urbanas, Voluntarios Distinguidos de Línea, Infantería Ligera, Voluntarios de Extramuros, Cazadores, etc.; son los conocidos con los populares nombres de guacamayos, cananeos, lechuguinos, perejiles, pavos, etc.  

En conjunto, las defensas de la Isla de León y las de Cádiz ofrecían una poderosa imagen de fortaleza difícil de conquistar. La Isla estaba defendida por una línea que se puede trazar entre el Arsenal de la Carraca y el castillo de Sancti Petri siguiendo el caño de este mismo nombre como muralla natural. Además la defensa se reforzó con un buen número de baterías, baluartes y reductos según el plan trazado antes de la llegada de los franceses por Francisco Javier de Uriarte, reforzando sobre todo los alrededores del puente Suazo con las baterías de Santiago y San Judas y del Portazgo, que estuvieron a cargo de los artilleros de marina del brigadier Diego de Alvear, y que tuvieron un papel destacado en los combates, pero de ahí a concluir que Alvear salvó a Cádiz del ejército francés, hay un gran abismo.

Pero sobre todo me parece un disparate es insistir en atribuirle a Alvear la decisión de trasladar las Cortes de la Isla de León a Cádiz. 

Calvichi´s y las callejeras de 2014

Calvichi´s, el verdadero líder de Pilot Dog, se ha transformado en 26 personajes de callejeras gaditanas del Carnaval 2014.

Se puede ver en Pasaje Genovés, el local del barrio de El Pópulo.







sábado, 7 de febrero de 2015

Paralelismos 1

Tienda de deportes en la calle La Rosa

La web municipal, me copia

En la página web del Ayuntamiento de Cádiz copian textos míos, sin indicar la autoría, ni siquiera la procedencia.

Es en una página de la Delegación de Fiestas, en una pestaña dedicada a la historia del Carnaval de Cádiz, en la que se puede leer el siguiente texto, del que, todo lo marcado en amarillo, lo han copiado, tal cual, de un trabajo mío; incluso, ni se han molestado en actualizar el texto: lo marcado en rojo, alude en mi texto al siglo XIX..., de la lectura se podría desprender que es al XX.

Historia
Para aclarar el origen del Carnaval los estudiosos remiten hasta precedentes de distintas civilizaciones que, sin usar el mismo concepto de la fiesta, han manejado objetos y utensilios similares a los que se usan en Carnaval, y recuerdan el origen remoto que pueden suponer las bacanales (fiestas en honor de Baco), las saturnales (al Dios Saturno) y lupercales (al Dios Pan), celebraciones que se conocieron tanto en la antigua Grecia como en la Roma clásica.
Sin embargo, los especialistas parecen coincidir en que : “El Carnaval, nuestro Carnaval, quiérase o no, es un hijo, aunque sea pródigo, del cristianismo ; mejor dicho sin la idea de la Cuaresma no existiría en la forma en que ha existido desde fechas oscuras de la Edad Media Europea”.
El más clásico de los estudiosos del Carnaval, Julio Caro Baroja, lo relaciona con los ritmos del tiempo, con la percepción cualitativa del tiempo. Caro Baroja señala que el cristianismo establece “un orden” pasional del tiempo”, en el que los momentos de alegría y tristeza se alternan cronológicamente, según sea tiempo de prohibiciones o tolerancias, asimilados por el cristianismo.
El Carnaval es -según definición de Caro Baroja- un hijo del cristianismo. Una consecuencia de la concepción simple del tiempo que adopta el cristianismo. Una concepción ajustada a los ciclos vitales y de las cosechas.
“Su principal significación es que autoriza, de hecho, la satisfacción de todos los apetitos que la moral cristiana, por medio de la Cuaresma, refrena acto seguido.
Pero al dejarlos expansionarse durante un periodo más o menos largo, la moral cristiana reconoce también los derechos de la carne, la carnalidad. El Carnaval encuentra así, además de su significación social y psicológica y su función equilibradora en todos los aspectos resulta evidente”.
Es el momento en el que se permite la inversión de las jerarquías sociales, así como la expresión de una oposición política que no tiene posibilidad de manifestación legal. Pero también es tiempo en que el hombre da rienda suelta a la carga irracional que soporta, entregándose a actos arbitrarios y violentos descargando así la agresividad contenida durante mucho tiempo : intentos de provocación, infantilismo, muecas... todo a modo de terapéutica en que dejamos libres a ese otro yo que todos ocultamos.
Los caracteres antes descritos definen al Carnaval en general y son aplicables, por tanto, al gaditano en su origen.
Pero sin duda con el transcurso del tiempo distintos aspectos se han ido marcando con mayor profundidad hasta alcanzar en nuestra ciudad una fiesta distinta.
En el proceso de su propia definición el Carnaval gaditano toma peculiaridades del italiano, explicable por la influencia fundamentalmente genovesa que nuestra ciudad conoció, pues desde el siglo XV, tras el desplazamiento hacia el Mediterráneo de los turcos, los comerciantes italianos se trasladan a Occidente, encontrando en Cádiz un lugar de asentamiento perfectamente comunicado con los objetivos comerciales que los genoveses buscaban : el norte y centro de Africa.
Los antifaces, las caretas, las jeringas de agua, los caramelos arrojadizos (confetis) son otros tantos elementos que asimilamos del Carnaval italiano.
El elemento fundamental de este Carnaval es el disfraz : “el Carnaval rompe el orden social, enfrenta las clases, libera los instintos y rompe las represiones. Todo esto lo realiza a través del disfraz, invirtiendo el orden de las cosas, comiendo y bebiendo, ironizando y satirizando a la sociedad y a la autoridad y, en definitiva, dando rienda suelta a la fantasía y la libertad”.
El estilo italiano que impera, trae también los bailes de Carnaval como eje central de las fiestas, siendo el acto social más importante de las celebraciones sobre todo en el siglo XVIII. Aunque hay noticias documentadas de la celebración del Carnaval de Cádiz desde 1.632 (I.Porquicho) dejándose ya sentir una animadversión hacia la fiesta de las capas superiores de la sociedad.
Pese a la oposición la fiesta de Carnaval traspasa la Edad Moderna y se adentra en el siglo XIX definido todavía por similares caracteres. Conocemos por ejemplo que el 8 de Febrero de 1.821 los alcaldes constitucionales de Cádiz otorgan su permiso para que se celebre en el teatro Principal un baile de máscaras y disfraces siempre que sigan una serie de reglas, así como que el Carnaval se celebró, controlado, desde los primeros años del reinado de Fernando VII.
En el Carnaval gaditano de principios del XIX, vemos ya caracteres que permanecen hoy :vemos como la plaza de la Constitución (hoy de San Antonio) y la calle Ancha son los lugares centrales de la fiesta popular. Y desde la concreción de la fiesta, dos celebraciones destacan : los bailes de máscaras en el teatro y en casas particulares y los grupos de gentes que disfrazadas recorrían las calles cantando. En estos grupos de cantores podemos ver un precedente muy concreto de las actuales agrupaciones carnavalescas que reciben influencias también - no se debe olvidar - de los grupos de gentes de color que en las fechas de Navidad recorrían las calles de Cádiz, entonando villancicos, así como de los ritmos de América.
Estos caracteres no significan en ningún caso que el Carnaval estuviese institucionalizado. Si bien es cierto que a mediados del pasado siglo encontramos referencias de las máscaras, disfraces y domingo de Piñata ; también es cierto que el Ayuntamiento no reconocía el Carnaval como una fiesta propia.
En un informe emitido por el Ayuntamiento de 1.847 a instancias del jefe político de la provincia, en el que se pregunta - entre otras cosas - por las fiestas civiles y religiosas en las que el cabildo interviene no se alude para nada al Carnaval.
Sin embargo con un sentido restrictivo el Municipio reconocía explícitamente la celebración carnavalesca y su importancia en la ciudad. Así el “Reglamento de las diversiones públicas en la ciudad de Cádiz” del mismo año 1.847, por dos veces alude al Carnaval, siempre en sentido represivo.
Claro está que las prohibiciones emanan de un Ayuntamiento dominado - gracias al sufragio censitario - por una burguesía que a mediados del siglo XIX se está adueñando del poder y que no ve con buenos ojos las manifestaciones populares.
“Esta honestidad hacia la fiesta provenía de la sensación de inseguridad que proporcionaban las clases bajas, que celebraban la fiesta bebiendo y alborotando por las calles”.
La animadvesión hacia el Carnaval era compartida por las clases pudientes de la ciudad, que ante la imposibilidad de acabar con una fiesta enormemente popular, deciden ponerle en la medida de lo posible cierto control. En ese mismo año de 1.861 el Ayuntamiento presidido por don Juan Valverde propone que sea el cabildo el encargado de la organización del Carnaval.
La “Memoria de la Administración Municipal de Cádiz en el año de 1.861...” dice textualmente : “Las diversiones a que el pueblo se entrega en los tres días de Carnaval, desdicen, a no dudarlo, de su proverbial cultura. La tradición ha hecho llegar hasta nuestro días, una costumbre que, caballerosa y digna quizá en su origen, absorbe hoy, en degeneración lastimosa, la atención toda del pueblo, en los tres indicados días. El dominio de Carnaval de Cádiz, lo monopoliza el vergonzoso “saquillo”, dando lugar a deplorables escenas que repugnan a quien abriga el más ligero sentimiento de decencia, y a quien en algo estima la pureza del nombre que Cádiz ha sabido alcanzar a través de los siglos”.
Como contraoferta se propone cambiar todo esto haciendo que el Ayuntamiento se encargue des organizar un Carnaval más reglamentado, basado en juegos gimnásticos, bailes públicos, juegos de artificio, música, comparsas... para lo que se solicitaba que en el presupuesto de 1.862 se previeran los gastos del Carnaval.
La medida, restrictiva en su origen - puesto que los elementos burgueses en el poder local pretendían era controlar y reglamentar algo que no podían desterrar - tuvo consecuencias beneficiosas a la postre. Si el control de las diversiones populares no fue todo lo efectivo que se programó, la financiación municipal contribuyó a un mayor esplendor en las calles y en los actos organizados, tipo bailes, fuegos artificiales, etc.
Así, de la mano del alcalde Juan Valverde, el Carnaval va a entrar en la fase desde la que evolucionará a la actualidad.
El Carnaval de Cádiz, se convirtió en objeto de atención a poblaciones más alejadas, iniciándose bien pronto la tradición de organizar trenes especiales desde Sevilla, Córdoba y otras que trasladaban a miles de personas hasta nuestra ciudad para vivir el Carnaval.
Como elemento característico de la celebración en Cádiz, la “Memoria...” precitada aludía a la potenciación de la comparsa. Con un origen posiblemente espontáneo - un grupo de amigos que se reunía para cantar - la comparsa se va perfeccionando en tanto que de forma paulatina se van uniformando, preparando un repertorio y ensayándolo.
Estas agrupaciones de conjuntos músico vocales que cantan repertorios propios y de marcado carácter gaditano, se irán convirtiendo paulatinamente en uno de los ejes del Carnaval de Cádiz. Junto a los bailes de máscaras y - sobre todo - la calle como elemento dinamizador de la participación popular.
Las agrupaciones carnavalescas se desarrollan de forma paulatina integrando en sus coplas todos los elementos que hoy día perduran : chascarrillo, crítica política, sátira social, etc. Nuevamente serán las clases populares las que vayan protagonizando esta modalidad de expresión genuinamente gaditana.
Con el transcurso de los años nuevamamente los sectores dirigentes se creen en la obligación de reglamentar la expresividad carnavalesca. Será en el año 1.884 el alcalde Eduardo J. Genovés quien ordene una mayor vigilancia de las calles ante los posibles altercados que se pudieran dar.
Ante el progresivo carácter de protesta y de sátira que las agrupaciones carnavalescas iban adquiriendo en sus coplas, así como para evitar procacidades y obscenidades en las interpretaciones, Genovés impone que todas las comparsas y estudiantinas que quisieran recorrer la población deberían proveerse de la correspondiente licencia municipal. Incluso se establecerá la censura previa : cada agrupación debía presentar una instancia dirigida al alcalde indicando los nombres, apellidos y direcciones de los componentes, haciéndose responsables el director de la agrupación y un representante. Junto a la instancia se presentaban dos copias de los repertorios que se pensaban cantar por las calles y que en ningún caso deberían atentar contra la moral pública. Revisadas las letras, el Ayuntamiento guardaba una copia y devolvía la otra con su sello, dando el visto bueno al repertorio. La copia sellada debía llevarla el director de la agrupación y exhibirla ante cualquier autoridad que la requiriese. Pese a tan reglamentada burocracia raro era el año que alguna agrupación no terminaba en la prevención del Piojito.
El carácter informal de la agrupación, su origen netamente popular, escapaba a todo exceso de reglamento. La formación de una comparsa se realizaba de forma espontánea. Normalmente un grupo de amigos o de compañeros de trabajo. Recordemos como Antonio Rodríguez “Tío de la Tiza” agrupaba a sus compañeros de trabajo de la Sociedad Cooperativa de Alumbrado sacando los mejores conjuntos de su época.
Pronto los autores de letras y músicos se van especializando y consagrando, sin perder en ningún caso su carácter de meros aficionados, de artistas emanados del pueblo, predominando en ellos la esencial marca popular.
A fines del pasado siglo y en el primer tercio del actual destacan las figuras de Antonio Rodríguez “Tío de la Tiza”, Suárez, Trujillo, López Cañamaque, J. Ponce, “El Barato”...
Prácticamente toda la ciudad se convierte en el escenario carnavalesco, pero hay unos lugares que revisten mayor protagonismo. La Plaza de San Antonio, desde siempre y más aún desde siempre y más aún desde 1.862 en que empieza a ser engalanada, año tras año será uno de los lugares comunes de reunión. De una reunión masiva que fluye por la calle Ancha, eje central del Carnaval, José J. Accame escribía en 1.906 : “Yo no concibo Carnaval en Cádiz sin la calle Ancha”.
La calle Nueva, la plaza de San Juan de Dios, los alrededores del mercado Central, la calle de la Rosa.. eran otros tantos lugares de aglomeraciones generalizada.
A finales del pasado siglo y comienzos del actual se adquiere la costumbre de realizar el recorrido de estas calles en coche : las “landeus”, “breks”, “milords”, “sociables”, “jardineras”... recorrían un itinerario que pronto dio en llamarse “el paseo de carruajes”, y que estaba comprendido por las calles Alonso el Sabio, San Juan, Desamparados, Libertad, Callejones Cardoso, el Corralón, la Rosa, San Rafael, Fragela (Plaza del Falla), Hercúles, Mentidero, Veedor, Plaza de San Antonio, Cánovas del Castillo, San José, Plaza de Mina, Tinte, Plaza de San Francisco, Nueva, Plaza de San Juan de Dios. Los carruajes se detenían en las múltiples tiendas de vinos que aparecían en el camino, de donde los chicucos acercaban cañeros de manzanilla.
Los bailes seguían celebrándose en el Principal, en el Kursaal gaditano, en el gran Teatro, en el Casino, en verbenas populares por los barrios... cada uno de ellos para un sector de la sociedad, bien definido.
A principios del siglo XX, de la mano del Alcalde Cayetano del Toro el Carnaval de Cádiz, cobró nuevos impulsos.
En el programa se incluía : cabalgata, iluminación extraordinaria, baile de máscaras, concursos de comparsas y máscaras, bailes nacionales ejecutados por niños... sin que faltara el reparto de limosna para los pobres.
En 1.907 con la entrada de Antonio Accame en la ornamentación de las calles del Carnaval espectáculo se reafirma y arraiga más, si cabe, en el pueblo gaditano.
En. 1.937 Franco abolió a golpe de decreto el Carnaval. La medida surtió los efectos apetecidos : El Carnaval desapareció de casi todas las poblaciones españolas, pues no hemos de olvidar que era una celebración generalizada. En Cádiz permaneció latente -congelado- en el sentir del pueblo. De modo que no era difícil de encontrar en las tiendas de vinos y los colmados gaditanos de la postguerra, nostálgicos, que en febrero, se reunían para rememorar y cantar viejas coplas carnavalescas.
En agosto de 1.948 el gobernador civil autorizó que cantara el coro “La Piñata Gaditana”, cantando con la música de los Jockeys (1.927). El conjunto lo saca Manuel López Cañamaque acompañado de Macías. Al año siguiente se autoriza una “Fiesta de los Coros” puesto que en principio el gobernador permite los coros y chirigotas, fuertemente censurados por la Delegación de Educación Popular y el control callejero del alcalde. Pero sobre todo se insiste en que no puede aparecer por ninguna parte la palabra Carnaval.
Así surgen hacia 1.950 las Fiestas Típicas Gaditanas, un Carnaval domesticado, descafeinado, pero -que en honor a la verdad- permitió que la tradición carnavalesca permaneciera en las nuevas generaciones gaditanas.
Posiblemente las agrupaciones sean el elemento menos adulterado de las Fiestas Típicas ; a las figuras de López Cañamaque y Macías Retes se añaden a Paco Alba -el renovador-, Enrique Villegas, Fletilla, Agustín González, “Chimenea”, Fernández Garaboa, Villa, Antonio Martín, Pedro Romero, Peña, y un largo etcétera que sería interminable reseñar.
Tras la muerte de Franco se produjo la recuperación del Carnaval sin tapujos, sin disfrazar el nombre, recuperándose a partir de 1.977 a su nombre tradicional y a sus fechas de siempre, el mes de Febrero.
En Enero de 1.984, se crea la Fundación Gaditana del Carnaval, Organismo Autónomo del Excmo. Ayuntamiento de Cádiz, después de un sin fin de reuniones con todas las entidades y colectivos de la ciudad, que de alguna forma intervenían en esta Fiesta del Carnaval. Años más tarde, ésta Fundación es sustituida por el Actual Patronato del COAC y Fiestas del Carnaval de Cádiz, un moderno estamento que realiza funciones similares de una forma dinámica, seria y profesional.
Desde esa fecha hasta nuestros días, es al Patronato del COAC y Fiestas del Carnaval de Cádiz al que le ha tocado encauzar, programar, administrar y desarrollar el Carnaval propiamente dicho y todo lo que le rodea, con la ayuda, coordinación y participación de todos los estamentos de la ciudad. No olvidemos que Carnaval es participación.
El Patronato del COAC y Fiestas del Carnaval de Cádiz, nace de una necesidad, la de crear un cauce participativo adecuado al momento de auge que nos tocaba vivir.
La Fiesta del Carnaval estaban en pleno crecimiento y es el Patronato del COAC y Fiestas del Carnaval de Cádiz el resorte que se necesitaba para adecuarla a cada realidad diaria, y no dejar que se convierta en una macro-fiesta indirigible.

Hasta aquí el texto que se puede ver en la web municipal.

Como digo, todo lo señalado lo escribí para el libro Carnaval en Cádiz, que se publicó en 1983. Fue un encargo de Armando Ruiz Riera, entonces teniente de alcalde del ayuntamiento. Es por tanto un trabajo hecho para el ayuntamiento, lo que no justifica que se copie sin citar al autor, que siempre mantiene sus derechos y más en un caso como éste, en el que los autores no firmamos contrato de cesión de derechos.

El caso Cádiz

Me remite Marc Bugnard esta nota, con un enlace al trabajo que han desarrollado en El Caso Cádiz, presentando una petición al Congreso, al Senado y al gobierno, que difundo.

 La foto la he tomado de la web El Caso Cádiz

02.02.2015 – COMUNICADO DE PRENSA –  PETICIÓN 2015 de EL CASO CÁDIZ -
DENUNCIAN EL REDISEÑO DE LA GEOGRAFÍA ECONÓMICA
Los Comité de Petición del Congreso y del Senado han recibido la petición de El Caso Cádiz, que quiere que se cambia el plan estratégico de desarrollo portuario e infraestructural en Sevilla y Cádiz. Se puede consultar el documento en formato PDF en la página web  elcasocadiz.es .

La iniciativa ciudadana apolítica, que dice defender a Cádiz “en contra de una villana agresión a sus bienes y sus potenciales”, es ya responsable con sus quejas de que desde el año 2011 la Comisión Europea todavía no ha aprobado la financiación FEDER para el proyecto 'nueva Terminal Contenedores en Cádiz'. “No es por quienes somos”, afirma la gaditana Teresa Vassallo Varela, fundadora de la iniciativa, “sino porque el proyecto realmente este de través.”
En la primera parte (de tres) de su petición, relatan el destacado potencial económico y laboral relacionado al trasbordo marítimo en la costa suroeste de la península. Luego demuestran con evidencias como hace más de 15 años las autoridades decidieron de desplazar artificialmente ese potencial, de Cádiz a Sevilla. Denuncian un “rediseño de la geografía económica típico de estados totalitarios” y que según ellos defrauda los criterios económicos del interés común europeo y español.
Advierten que España, al suroeste, este a punto de perder afiliación con el mercado de 'Servicios logísticos y de valor añadido en el trasbordo marítimo transcontinental', que depende de su clientela internacional y que se encuentra en pleno desarrollo a lo largo de toda la costa europea.
Luego la iniciativa presenta evidencias, que ellos llaman “certidumbres aplastantes” :
Por ejemplo que la ubicación de la nueva Terminal Contenedores en la ciudad de Cádiz se debe al desarrollo de la actividad Graneles sólidos y líquidos en Puerto Real. Según ellos, el hecho de esa correlación fue ocultado intencionadamente por las autoridades, con el fin de engañar no solo a la ciudadanía, sino también a las instituciones europeas. Además la APBC desarrolla esa actividad contaminante en medio de un Parque Natural (Natura 2000, Habitat Aves), sin disponer de una Declaración de Impacto Medioambiental DIA.
Demuestran como con la movilidad contemporánea (que por fin también parece llegar a Cádiz), la población en Sevilla se encuentra todavía a menos de una hora del potencial laboral del Puerto de la Bahía de Cádiz. “Por tanto no hay más motivo para fomentar una actividad portuaria marítima en el interior, a cien kilómetros de la costa, para dar trabajo a los sevillanos.”
También se informa de la deliberada deshabilitación de un enorme terreno de expansión industrial en la bahía de Cádiz, llamado Cetina, y esto “solo para hacer cuadrar la fantasía portuaria” en Sevilla.
La iniciativa pide nada menos que se aborta todo el plan estratégico de desarrollo portuario Sevilla / Cádiz del año 2000, a favor de una existente alternativa superior. “España no puede renunciar a su potencial portuario en la Bahía de Cádiz y vilipendiar los fondos públicos en cirugía plástica de geografía económica.”
Lo más abrumador que la iniciativa gaditana presenta, es que la actividad portuaria, que desde hace quince años se quiere fomentar en Sevilla y no en Cádiz, no solo puede empezar ya en la bahía de Cádiz sin esperar más, sino que pudo haber empezado ya en el año 2000. Denuncian este hecho como la principal explicación por el exceso de paro, de emigración y de pobreza infantil en Cádiz, contrastando con el destacado potencial portuario y las importantes ayudas europeas en los últimos veinte años. “La precariedad en Cádiz es del todo artificial, fruto de codicias ajenas al estado constitucional. Esto debe ser remediado e indemnizado.”
El documento también relata las presiones e influencias ilícitas que España ejerce al seno de la Comisión Europea, que a su vez se siente muy incomodada por lo ocurriendo en Andalucía occidental, co-financiado en su mayor parte con fondos europeos. Consta que el año pasado el Comité de Peticiones del Parlamento Europeo ha declarado admisible la petición de El Caso Cádiz, que denuncia los hechos.
Finalmente El Caso Cádiz señala la omisión concertada de todo estos asuntos y también de su iniciativa ciudadana, llevado a cabo por las instituciones, la política, los sindicatos y la prensa. “Ha llegado el momento donde la nación debe ocuparse de sus problemas en Cádiz. Aquí, en su patio trasero al sur del sur, España está jugando su credibilidad como miembro de la Unión Europea.”