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domingo, 26 de abril de 2015

El voto del miedo

Se cuenta que en Francia, en una convocatoria a los electores, se les planteó como disyuntiva que si no se votaba a De Gaulle, sobrevendría el desastre.

Algo similar ocurrió en España en diciembre de 1966, cuando se convocó a los españoles, después de treinta años sin derecho a elegir, a votar la Ley Orgánica del Estado, una ley que casi nadie conocía y que nadie, desde los poderes del régimen dictatorial tuvo interés en explicar. Por eso la campaña de propaganda, dirigida desde el ministerio de información y Turismo regido por Manuel Fraga, jugó con los sentimientos de miedo de los españoles. Se pedía el voto para Franco, se pedía el voto para la paz, en la campaña propagandística no había alusiones a la nueva ley. Votar sí era votar a Franco y la paz; votar no era escoger el desastre.

Un discurso similar es el que está desplegando el Partido Popular con motivo de las próximas elecciones. Por eso Javier Arenas ha afirmado que el año 2015 es el año en el que los ciudadanos se juegan más desde la muerte de Franco, una forma de insinuar que si el PP no gana las próximas elecciones -municipales, autonómicas, generales...- los españoles vamos directamente a los infiernos.

Discurso similar a lo que dijo Teófila Martínez al presentar la lista peperiana que encabeza, "una candidatura para que Cádiz no se juegue todo lo que hemos conseguido", dando a entender que si el PP no gobierna la ciudad, Cádiz se hunde.

Es lo que se conoce como alentar el voto del miedo, se plantea la disyuntiva "el PP o el desastre".

Por eso, para que quede claro, habría que recomendarles que, por ejemplo, para las municipales en Cádiz, usen como modelo de propaganda las papeletas que en 1966 se difundieron por toda España, eso sí, donde pone Franco hay que poner Teófila.

       

sábado, 13 de septiembre de 2014

El PP, la CEDA y el Frente Popular

La irrupción de Podemos en el panorama político nacional, junto al descenso del PSOE y, parece, de IU, han renovado los comentarios sobre una posible coalición de izquierdas, para enfrentarse al PP. De inmediato, desde sectores conservadores y de derechas, en el ámbito político y en los medios de comunicación, se ha recuperado el discurso catastrofista contra la formación de una alianza de izquierdas, lo que interesadamente califican de nuevo Frente Popular, para de esta forma, falseando la realidad histórica, afirmar que la alianza izquierdista en la Segunda República, el Frente Popular, fue la causa de la guerra civil, obviando, ocultando, que la guerra la inició en julio de 1936 una derecha incapaz de reconocer la derrota democrática en las urnas. 
Pero siendo falso el discurso -y en cuanto manipulación de la historia, despreciable- lo más llamativo es que se obvie que la actual derecha española hace años que hizo lo mismo que la derecha en la Segunda república, cuando se formó la Confederación Española de Derechas Autónomas, la CEDA, en febrero de 1933, tres años antes que el Frente Popular, que se formó en enero de 1936. 
A la derecha española, que recurre a coaliciones de todo tipo cuando lo considera necesario para controlar el poder, le molesta la posibilidad de que la izquierda haga lo mismo, pues sabe que la unión de la izquierda los derrotaría en las urnas. Por eso saltan sus voceros cada vez que se rumorea una alianza izquierdista. Y por eso conviene recordar que el PP no es más que una interesada coalición de derechas, que empezó a gestarse, prácticamente, tras la muerte de Franco. 
Muerto el dictador, el gobierno de su fiel Arias Navarro incluyó a viejas glorias del franquismo y lo que se denominó "gente nueva" avezada en la administración franquista. El primer gobierno Suárez, tenido por el primero de la Transición, estaba formado, casi al 50%, con gente del gobierno de Arias: el propio Suárez, Calvo Sotelo, Martín Villa, Osorio, Pérez-Bricio y los cuatro militares. Y cuando se tuvieron que convocar las primeras elecciones, Suárez invento Unión de Centro Democrático, integrando a falangistas y burócratas del Movimiento, junto a democristianos, liberales e incluso socialdemócratas. Por su parte, franquistas de siempre formaron la Federación de Partidos Alianza Popular, coalición de los grupos fundados por Fraga, López Rodó, Silva Muñoz, Fernández de la Mora, Licinio de la Fuente, Martínez Esteruelas y Thómas de Carranza. El resultado electoral favoreció a UCD, seguida del PSOE, mientras que AP quedó como cuarta fuerza, por detrás del PC.
Tras las elecciones, la evolución de UCD y AP tiende a la convergencia. En 1978 los grupos que formaron la Federación de AP, excepto el de Silva Muñoz, constituyen el Partido Unido de Alianza Popular, y la Federación se amplía con el Partido Liberal de Ibiza y Formentera de Matutes. En 1979 AP propicia Coalición Democrática, plataforma desde la que Fraga pide a Suárez formar “una mayoría natural”, e integrar en AP-CD a los que no quieren “una España roja” ni “rota”.
En 1982 comienza la extinción de UCD. El sector más derechista se integra en AP, a la que se unen partidos como el Demócrata Liberal de Alzaga o la Unión Liberal de Schwartz. Suárez crea el Centro Democrático y Social y la UCD sigue con Calvo Sotelo. Sin embargo, en las elecciones de ese año se produce el gran vuelco: triunfa el PSOE, seguido de la coalición CD-AP, y queda como tercera fuerza UCD, quedando el CDS como un partido testimonial. Al año siguiente, de CD-AP surge Coalición Popular, que logra integrar a muchos militantes de UCD. Presidida por Fraga, AP mantiene su identidad, con Verstrynge de segundo, y el exucedista Miguel Herrero como uno de sus ideólogos.
Tras las elecciones de 1986 el resultado aclara el panorama: detrás del PSOE, Coalición Popular se confirma como la segunda fuerza, seguida del CDS. Además de la consolidación de los nacionalistas, aparece Izquierda Unida, coalición propiciada por el PC. Ante la mayoría absoluta del PSOE, en AP se plantea un cambio de estrategia, que, tras el fiasco de Hernández Mancha, provoca que en 1989, en el Congreso de la Refundación, surja el Partido Popular, y para las elecciones convocadas en octubre, un mes antes, se elige como candidato, a propuesta de Fraga, a José María Aznar. Pese a las premuras, el PP logra mantenerse como segunda fuerza, tras el PSOE. A partir de 1993 el CDS de Suárez se queda sin representación parlamentaria. Volvió a ganar el PSOE, seguido por con un pujante PP que superó el llamado “techo de Fraga”: 159 escaños socialistas por 141 populares; además de IU, con 18 diputados, el resto de los escaños se los repartieron partidos regionalistas.
El camino desde AP hasta el PP quizás había sido lento, pero exitoso. A fines de los ochenta el PP se reforzó con la entrada de pesos pesados de la UCD, como Otero Novas, Martín Villa o Marcelino Oreja, en un partido liderado por Aznar, que ya desde comienzos de los noventa reunía a casi todos los sectores de la derecha ideológica y social del estado español, sin contar los partidos nacionalistas y regionalistas, algunos de ellos socios del PP en sus respectivas demarcaciones. Los frutos se recogieron en 1996. El PP, como única fuerza de derecha, ganó las elecciones con 156 escaños. Las opciones de izquierda quedaron por detrás: el PSOE logró 141 e IU obtuvo 21, sin embargo la suma de sus votos superaban en más de dos millones a los del PP. Eran las tres únicas fuerzas con implantación estatal que obtenían representación; el resto, nacionalistas y regionalistas.
Desde entonces, ese es el panorama político de la derecha española, y ese es el éxito del PP, haber logrado un partido eficaz, disciplinado y aparentemente homogéneo, pese a la disparidad de los antecedentes ideológicos de muchos de sus militantes -desde antiguos seguidores de Fuerza Nueva, hasta liberales del Grupo Libra. Un partido que, sin embargo, no puede evitar que, de vez en cuando, algunos de sus militantes alardeen de tener en sus despachos fotos de Franco, ondeen la bandera del águila, o saluden, sonrientes y desafiantes, con el brazo en alto.  

domingo, 15 de enero de 2012

Ha muerto Fraga

Muchos comentarios coinciden en que la mayor aportación del recién fallecido Manuel Fraga Iribarne fue la refundación de la derecha española con el PP. Y no les falta razón. Lo que viene a continuación forma parte de un artículo que publiqué en el año 2003, describiendo el proceso de unificación de la derecha española a partir de 1975.

Tras la muerte de Franco, la derecha ha trabajado bien para lograr el poder. El gobierno de Arias Navarro, de equívoca “evolución”, incluyó a viejas glorias del franquismo y gente “nueva” avezada en la administración franquista. El primer gobierno Suárez, que inicia la Transición, incluía entre sus 19 miembros a nueve del gobierno anterior: Suárez, Calvo Sotelo, Martín Villa, Osorio, Pérez-Bricio y los cuatro militares.
Para las primeras elecciones, Suárez inventa Unión de Centro Democrático, integrando falangistas de última generación y burócratas del Movimiento, junto a democristianos, liberales e incluso socialdemócratas. Por su parte, franquistas de prestigio forman la Federación de Partidos Alianza Popular, coalición de los grupos fundados por Fraga, López Rodó, Silva Muñoz, Fernández de la Mora, Licinio de la Fuente, Martínez Esteruelas y Thómas de Carranza. El resultado electoral favoreció a UCD, seguida del PSOE, mientras que AP quedó como cuarta fuerza, por detrás del PC.
Tras las elecciones, la evolución de UCD y AP tiende a la convergencia. En 1978 los grupos que formaron la Federación de AP, excepto el de Silva Muñoz, constituyen el Partido Unido de Alianza Popular, y la Federación se amplía con el Partido Liberal de Ibiza y Formentera de Matutes. En 1979 AP propicia Coalición Democrática, plataforma desde la que Fraga pide a Suárez formar “una mayoría natural”, e integrar en AP-CD a los que no quieren “una España roja” ni “rota”.
En 1982 comienza la extinción de UCD. El sector más derechista se integra en AP, a la que se unen partidos como el Demócrata Liberal de Alzaga o la Unión Liberal de Schwartz. Suárez crea el Centro Democrático y Social y la UCD sigue con Calvo Sotelo. Sin embargo, en las elecciones de ese año se produce el gran vuelco: triunfa el PSOE, seguido de la coalición CD-AP, y queda como tercera fuerza UCD, igualada en escaños a CiU; detrás el PNV. El PC desciende a cuatro escaños, y el CDS obtiene dos. 
Al año siguiente, de CD-AP surge Coalición Popular, que logra integrar a muchos militantes de UCD. Presidida por Fraga, AP mantiene su identidad, con Verstrynge de segundo, y el exucedista Miguel Herrero como uno de sus ideólogos.
Tras el referéndum de la OTAN, Felipe González convoca elecciones en 1986, y el resultado electoral aclara el panorama: detrás del PSOE, Coalición Popular se confirma como la segunda fuerza, seguida del CDS. Además de la consolidación de los nacionalistas, aparece Izquierda Unida, coalición propiciada por el PC. Ante la mayoría absoluta del PSOE, en AP se plantea un cambio de estrategia, que, tras el fiasco de Hernández Mancha, provoca que en 1989, en el “Congreso de la Refundación”, surja el Partido Popular, y para las elecciones convocadas en octubre, un mes antes, se elige como candidato, a propuesta de Fraga, a José María Aznar. Pese a las premuras, el PP logra mantenerse como segunda fuerza, tras el PSOE; el CDS comenzó a declinar. A partir de 1993 el partido de Suárez se queda sin representación parlamentaria. Volvió a ganar el PSOE, seguido por con un pujante PP que superó el llamado “techo de Fraga”: 159 escaños socialistas por 141 populares; además de IU, con 18 diputados, el resto de los escaños se los repartieron partidos regionalistas.
El camino desde AP hasta el PP quizás había sido lento, pero exitoso. A fines de los ochenta el PP se reforzó con la entrada de pesos pesados de la UCD, como Otero Novas, Martín Villa o Marcelino Oreja, en quien se pensó para dirigir el partido cuando Fraga anunció su “retirada” a Galicia antes de las elecciones europeas de 1989. Los resultados europeos precipitaron el liderazgo de Aznar, que ya a comienzos de los noventa se encontró un partido que reunía a casi todos los sectores de la derecha ideológica y social del estado español, sin contar los partidos nacionalistas y regionalistas, algunos de ellos socios del PP en sus respectivas demarcaciones. Los frutos se recogieron en 1996. El PP, como única fuerza de derecha y centroderecha, ganó las elecciones, aunque sin arrasar como muchos pensaban, obteniendo 156 escaños. Las opciones de izquierda y centroizquierda quedaron por detrás: el PSOE logró 141 e IU obtuvo 21; sin embargo la suma de sus votos superaban en más de dos millones a los del PP. Eran las tres únicas fuerzas con implantación estatal que obtenían representación; el resto, nacionalistas y regionalistas.       
En mi opinión, el éxito del PP es haber logrado un partido eficaz, aparentemente homogéneo pese a la disparidad de los antecedentes ideológicos de muchos de sus militantes y disciplinado por la unión de intereses de quienes se acogen a sus siglas.