domingo, 12 de marzo de 2017

Concurso 220

Está en Cádiz, ¿dónde?

De premio, el primer topolino de la temporada.


Siguen floreciendo

Los tulipanes siguen floreciendo:


Aniversarios jartibles

Esto de los aniversarios es un poco lioso. Por ejemplo, se coloca una placa en honor de los carnavaleros represaliados por el franquismo -un homenaje merecido, sin dudas-, y se dice que se hace también para recordar los 80 años de la prohibición por Franco del Carnaval en España, cuando lo cierto es que en 2017 se cumplen 81 años.

No estoy tirando ninguna piedra, pues no estoy libre de culpa, que también me he liado cuadrando fechas, como se puede ver aquí, no hace 50 años del cambio de febrero a mayo, son 51. Y es que a todos nos engañan las fechas redondas: 1937-2017, 1967-2017..., en ambos casos hay que sumar un año más.

Viene todo a cuento cuando pensaba que se cumplían 30 años del Carnaval Chiquito; error, son 31.

Todo empezó en 1987, cuando cuatro chirigotas decidieron prolongar la fiesta un domingo más, creo que el 15 de marzo. Entre las cuatro destacaron los de "Autopista hacia Benalup" que llevaban la pancarta que se ve en la foto de Kiki, y que colocaron en la puerta de Correos, Y entre los de "Autopista...", el formidable Paco Leal, a quien algún día habría que reconocerle lo mucho que ha aportado al Carnaval gaditano, y al humor en general. Además, por supuesto, de su cocina.

viernes, 10 de marzo de 2017

Calvichi´s

Creo que el trabajo de Calvichi´s es muy bueno. Ya en 2014 asistí a la inauguración de su exposición sobre las callejeras, Y este año, en gran formato, han realizado un excelente trabajo que han colocado en el exterior del mercado de la Libertad.


Y su iniciativa de los vasos reciclables, con cuatro modelos diferentes, que se pueden comprar en blanco o verde, me parece formidable.

Son buenos, muy buenos los de Calvichi´s. Y como ellos no saben que estoy escribiendo esto, les hago publicidad: vayan a verlos a la calle José del Toro, 21, no se arrepentirán.

miércoles, 8 de marzo de 2017

8 de marzo

Todavía hay muchos que se preguntan por qué hay un día de la Mujer.

Seguramente, por que todavía hay muchos que piensan que ésta es la diferencia entre mujeres y hombres:


martes, 7 de marzo de 2017

La Asociación de Historia Contemporánea sobre el plagio


Comunicado de la Junta Directiva de la Asociación de Historia Contemporánea sobre el plagio

El plagio es una de las más irresponsables, dañinas y perjudiciales prácticas profesionales que asolan hoy la disciplina de la historia. Y no existe otra forma de respuesta que la denuncia pública de la acción, la censura intelectual de las obras y la penalización profesional de quienes, con deshonestidad, hurtan (plagiare) y secuestran (plagiarius), expropiando el trabajo de los demás y presentándolo como propio.

«A decir verdad, mentir es un vicio maldito», escribió Montaigne en sus Ensayos. Dentro de la corporación de historiadores, parece cierto que no hay mayor mentiroso que el plagiario. Distinguiéndose de la amplia tipología de las malas prácticas –integrada, entre otros, por los falsarios, mitificadores, prolépsicos, memoralistas de la identidad, negros, historiadores de partido y revisionistas cuyas vinculaciones con los más degradantes usos públicos de la historia abundan en el descrédito de la disciplina–, los robos, trampas, argucias y engaños de los plagiadores cuentan con una larga historia de rechazo absoluto que podemos identificar con el nacimiento de la moderna erudición en el siglo XVI y la difusión del ideal de la cultura del «hombre honesto». Esta tradición de humanismo cívico, que defendía la autenticidad, la originalidad y la autoría, había de conducir a finales del siglo XIX a la normalización disciplinar y a la creación de la ética científica en la historia. La formación paulatina de lo que la reciente historia de la historiografía denomina academic self o academic virtues, está en la base del edificio científico que sustenta la función social de los historiadores en el siglo XXI.

No parece casual que Anthony Grafton destacara la importancia de la personalidad del alemán Leopoldo von Ranke y sus discípulos en la difusión internacional de los valores del método histórico y la asimilación crítica de la responsabilidad –individual y colectiva–, basada en la obligación del distanciamiento y en la «autocompresión» del historiador. Y tampoco lo parece que el autor de Forgers and Critics lo sea también de Los orígenes trágicos de la erudición (Breve tratado sobre la nota al pie de página). Investigador de la historia de la escritura histórica, Grafton accedió en 2011 a la presidencia de la American Historical Association (AHA), la más importante de las asociaciones de historiadores profesionales de todo el mundo y probablemente la más preocupada entre sus homólogas por las prácticas profesionales indeseables.

A fin de cuentas, las notas al pie de página, que otorgan autoridad y reconocmiento a los autores citados, al mismo tiempo que seriedad y rigor a los profesionales que citan, siempre lo hacen en relación dialéctica con la corporación teóricamente universal de los historiadores. Un entorno ecuménico que conecta la práctica del asociacionismo, en tanto elemento constitutivo de las comunidades en todos los países, con la definición de los procesos de comunitarización, en cuanto componente fundamental de la disciplina, y con la reflexión sobre los aspectos éticos de la profesión –la integridad científica–.

En este sentido, la declaración sobre los estándares de conducta profesional de la AHA, incluye una sección entera dedicada al plagio donde se dibujan desde sus contornos más burdos hasta otras formas más sutiles: desde los groseros robos que, sin citar al autor de referencia, copian «en lo sustancial obras ajenas, dándolas como propias», según reza la voz del Diccionario de la Real Academia Española, hasta los abusos derivados de la reelaboración de conceptos, ideas o notas que, maquilladas con oficio y astucia, adquieren la apariencia de originalidad en los textos de los plagiadores. Sin olvidar, entre otros, los refinados plagios de los historiadores que se apoyan en la estructura, logros e interpretaciones de una investigación cuya toma en préstamo se cita de manera tradicional al principio y, sin más referencias, se sigue y parafrasea a lo largo de la nueva obra. Y desde luego, los inadecuados comportamientos de ciertos historiadores carentes de escrúpulos que, sin haber consultado la documentación, construyen sus relatos con fuentes de archivos tomadas de bibliografías secundarias, apropiándose del trabajo e investigaciones de sus compañeros, exponiéndose al ridículo cuando reiteran el error ajeno y lo asumen como propio.

En 2010, el Informe elaborado por el grupo de trabajo sobre cultura académica (Academic Literacies Working Group), un numeroso equipo interdisciplinar y transnacional de investigadores liderado desde la Universidad de Warwick, señalaba como uno de los principales retos de los próximos años la creciente incidencia del plagio (plagiarism) en todos los niveles curriculares –desde los estudiantes en fases iniciales de formación hasta los estadios más altos de la profesión y de la gestión académica–. Que el documento tuviera la prudencia o la cortesía académica de añadir unintentional como adjetivo, lejos de matizar el problema, lo magnifica. Y es que, por desdicha, plagiar no debe considerarse como un hecho aislado, tampoco como una actitud exótica o individual y, en ningún caso, privativo de una comunidad profesional. Antes bien, el plagio en sus diversas formas, síntomas y mutaciones, se trata de un fenómeno global que amenaza con convertirse en un recurso somatizado, casi inevitable e indulgentemente aceptado en las prácticas académicas. De ahí que entre las recomendaciones finales del mencionado informe, se proponga la promoción de políticas de concienciación acerca del perjuicio personal y colectivo que produce el plagiarismo –no sólo vulnera los derechos de propiedad intelectual de los autores sino que damnifica, también, a las instituciones oficiales o privadas que asignaron los recursos financieros para las investigaciones–. Y aparezca, desde luego, una manifestación sobre la necesidad absoluta de pronunciarse en contra de todos los plagios; la denuncia y el rechazo de los plagiarios y su penalización.

En los países más avanzados de nuestro entorno –incluida España– existe una importante legislación a propósito de los plagios y las violaciones de la propiedad intelectual –con origen en el primer tercio del diecinueve en el mundo anglosajón; en el caso alemán las disposiciones legales se acenturaron a partir de la era bismarckiana–, que debería implicar un compromiso cívico sólido. Por otra parte, desde comienzos del siglo XXI, coincidiendo con las discusiones globales sobre la integridad bioética de los científicos y, más en particular, con los debates sobre los usos de la historia y la responsabilidad de historiador (Oslo 2000, Dumoulin 2003, History and Theory 2004, Carr, Flynn y
Makkreel 2004, Baets 2009), las informaciones sobre los plagios universitarios que transcendieron a la opinión pública en el Reino Unido, Francia, Alemania y Estados Unidos –especialmente, las relacionadas con la tradición de compra venta de tesis doctorales y la laxitud en la colación de títulos de algunas universidades–, relanzaron las discusiones académicas sobre los contenidos del plagio (debate Weber-Wulff, Rommel, Weberling 2011-2015) e impulsaron las iniciativas dirigidas a su regulación, con una proliferación de manuales de conducta, códigos éticos, directrices legales y cartas de investigadores. Y todo ello, en paralelo, a la creación de instituciones nacionales e internacionales
para las vigilancia y la lucha contra las malas prácticas universitarias. El Ombdusman für die Wissenschaft funciona en Alemania desde 1997; en 2008, se creó en Austria la Agencia para la Integridad de la Investigación; y, ese mismo año, se instituyó la European Network of Research Integrity Offices. En España, como en Francia, Portugal o Italia, donde las noticias sobre los plagios son recurrentes y con periodicidad regular generan pequeños escándalos mediáticos y efervescentes debates académicos, los códigos y los comités bioéticos consultivos se han insertado en los organigramas de todas las universidades y del CSIC. Sin embargo, en la práctica no existen agencias, ni instrumentos efectivos para la denuncia y persecución contra las copias, el hurto y las expropiaciones literario-historiográficas.

En el punto donde nos encontramos: el plagio es una práctica de regresión profesional. De hecho, aprovechando la realidad de una sociedad muy comprensiva con los fenómenos derivados de la superación del pasado contemporáneo –por no hablar de la complaciente aceptación de la corrupción
político-económica por parte de amplios sectores de la población– y la particular ideología universitaria conservadora –renuente al potencial conflictivo de la crítica deontológica e indulgente con las actuaciones de los compañeros y colegas de profesión–, los plagiadores pervierten desde dentro los criterios de cientificidad de la disciplina histórica y socavan el consenso profesional de la
comunidad académica. Da igual el contexto y las personas, nunca debe haber dudas acerca de que la mejor práctica profesional es el reconocimiento de las deudas intelectuales. Por eso, la respuesta de la Junta directiva de la Asociación de Historia Contemporánea es absolutamente crítica con todo tipo de plagios y con cada uno de los plagiadores, al tiempo que plenamente solidaria con los compañeros afectados por estas prácticas deshonestas. Esta declaración dirigida a la comunidad de historiadores y al conjunto de la sociedad, sirve para reafirmar el rechazo categórico a las malas prácticas profesionales y, en definitiva, la apuesta legítima por la elaboración de un código ético efectivo dirigido a afirmar, de acuerdo con Tony Judt, el peso de la responsabilidad profesional.

lunes, 6 de marzo de 2017

Museo diffuso Carnevale

En Putignano están trabajando en un museo del Carnaval, que ya está en marcha, que en parte ya es una realidad. Se trata del "Museo diffuso Carnevale di Putignano", que tiene como subtítulo "La maschera perdute", una iniciativa que ha partido de un centro de investigación previo, el "Centro Internazionale di Ricerca e Studi su Carnevale, Machera e Satira", que ha sido quien organizó el congreso que nos ha permitido conocer el carnaval de Putignano.

Diffuso, en una traducción literal, es extendido, y es la idea básica, un museo diseminado por el casco viejo de la ciudad, en ocho salas de tamaño mediano, que, al tiempo, permite un paseo por el hermoso centro histórico de Putignano.

Salas de diferente tipo y estilos arquitectónicos. Desde lo que parecía una antigua gran tienda u oficina, con escaparates a la calle, en un edifico de principios del siglo XX, hasta una "cantina", una bodega subterránea del siglo XVII, incluyendo salas de la torre del reloj del palacio del Sedile, en la piazza Plebiscito.

Se trata de un centro de interpretación con paneles que explican la historia y la relación del Carnaval con la ciudad, y una muestra museística en la que no faltan grandes piezas de las grandes carrozas, así como maquetas y figuras sueltas, un taller de la artesanía del papel maché, colecciones de cartelería y folletos, fotografías y múltiples objetos relacionados. La idea es ir ampliando los contenidos y los espacios en un futuro no muy lejano.









Todo un ejemplo para una ciudad como Cádiz, que lleva década y media intentando hacer un museo, sin lograr, siquiera, poner de acuerdo a unas cuantas instituciones.

La placa del mercado

El sábado 4, por la mañana, recibí un mensaje de Pedro Espinosa en el que me decía que parte de una placa del mercado Central, del mercado de la Libertad, se había caído, me enviaba una foto y me consultaba sobre su antigüedad.

Contesté que creo son de la primera mitad del XIX, pues en las distintas puertas del mercado hay placas con información diferente:


Y que las placas se podían ver en fotografías antiguas del mercado, con mayor o menor nitidez. Y para corroborarlo, le envié esta foto, fechada hacia 1900, que localicé en el fondo digital del Archivo de Vitoria-Gastéiz, en la que se ve, precisamente, la placa caída.

Lo que es difícil de comprender es cómo se ha desprendido la placa después de tantos años.

Pedro Espinosa, ese mismo sábado, en la web de la Cadena Ser, informaba del asunto.

domingo, 5 de marzo de 2017

Cadiwoman

Son geniales, reivindicativas y con un gran sentido del humor.

El rock de la Soledad me sigue pareciendo sensacional:
Y si en una discoteca
Las mujeres no pagamos
No es un chollo amiga mía
Es que te usan de reclamo

Y la versión de "Sin ti no soy nada", impagable:
Si pido un cubataaaaaaa
Y el pide una tapaaaaa
La tapa me la pone a miiiii
Y a el el cubataaaaa
Que no daría yo por ir sola a un bar
Sin que se te acerque un gachón
Y arrime la P
porque yoooooooooo
estoy hasta el papo