En las últimas semanas lo he comentado con amigos y algunos conocidos: hubiera sido bueno que los socialistas, incluso el resto de la oposición de izquierdas, hubiesen propiciado un gobierno del PP en minoría parlamentaria, pactando previamente asuntos esenciales para la sociedad andaluza: refuerzo de la sanidad y educación públicas, una política de vivienda social y el refuerzo de los derechos de género y de los emigrantes, por poner algunos ejemplos.
A cambio de eso, permitir formar gobierno a Moreno Bonilla, con una mayoría que necesitara apoyos parlamentarios puntuales, pero que no dependiera de los votos de un partido totalitario, machista y xenófobo, que, ahora, va a acceder al gobierno, tras imponer al PP su ideología racista y excluyente en Andalucía.
Es cierto que Moreno Bonilla podría haber cumplido con su palabra, no pactar con VOX y repetir la consulta electoral, pero está claro que la dirección nacional del PP no lo hubiera permitido. Por eso habría sido mejor permitir su gobierno en minoría. Ahora PP-VOX tienen cuatro años para derruir derechos sociales conquistados e imponer una política clasista y excluyente, exactamente la que recogen los 150 puntos del acuerdo suscrito hace dos días entre Moreno Bonilla y Gavira.
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