Sigo pensando que imponer en una provincia a un cunero o paracaidista, no es bueno, por muchos méritos personales que tengan, que el candiadto ajeno a la provincia puede provocar desencanto y frustración. Los militantes y simpatizantes de una demarcación electoral, de una provincia, conocen y siguen a los líderes de sus partidos o grupos políticos y difícilmente comprenden que se imponga, sobre aquel a quien conocen, a otro ajeno, cuando no desconocido.
Salvando el caso de Antonio Maíllo, que, aunque es cordobés y ha vivido en Sevilla, Cádiz o Huelva, es lógico y comprensible que, como candidato a la presidencia de la Junta, encabece la lista por la capital de Andalucía. Pero no es tan comprensible el baile de candidatos en otras provincias para contentar a las direcciones de los partidos. Sin minusvalorar a Esperanza Gómez, muchos votantes de Cádiz no la conocían hasta que se impuso su nombre como número uno por la provincia; y lo mismo habrán podido pensar en Jaén cunado se hayan enterado que el número uno lo ocupará el isleño Juan Antonio Delgado, hasta ahora, siempre diputado por Cadiz en Madrid y en Sevilla. ¿No sería más lógico darle continuidad para representar a su provincia?
No hay comentarios:
Publicar un comentario