Visité, por primera vez, el Museu de les Cultures del Vi de Catalunya en el año 1988, y regresé un par de años después. Era entonces un museo tradicional, inaugurado en el año 1945, de los que, ahora, calificamos como poco más que un almacén, pero con aperos y piezas de gran valor para la viticultura y la vinicultura, casi siempre logradas mediante donaciones de particulares. En el año 2000 se inicia una gran operación de reforma y refuerzo del Museo que lo ha llevado a convertirse en una institución museística ejemplar, con numerosas iniciativas de investigación, difusión y culturales que se pueden consultar en la web del museo .
Y en esa línea de mejora, para ofrecer una buena muestra de la cultura del vino en Cataluña, hace poco más de un año abrió sus puertas, en el mismo museo, la Taverna del Vinseum, un lugar dedicado a los vinos del Penedés, que pude visitar y degustar la semana pasada, con motivo de la invitación que me cursó L'Institut d'Estudis Penedesencs, para participar en el Vè Seminari d'Historia del Penedés, dedicado al mundo de la vitivinicultura.
En una esquina del edificio histórico del Museo, extendida hasta el patio, La Taverna del Vinseum es un rincón estéticamente muy cuidado.
Y lo que es más importante, con una excelente muestra de vinos y cavas del Penedés.
De vinos, catamos tres. En primer lugar, Habitat, un buen blanco de Torres, con garnacha (creo que un 90%) y xarello. Después, Capricis de Vilarnau, un blanco impresionante elaborado con xarello y envejecido en barricas de castaño (no de roble). En tercer lugar, Rocaplana de Oriol Rosell, un buen tinto de uva syrah. Y aunque, en general, no me gustan los espumosos, no me pude negar a terminar con Mascaró Nigrum, un cava, brut reserva, eleborado con parellada, macabeo y xarello, muy diferente a los que habitualmente encontramos en nuestro entorno..., casi me gustó.
La Taverna de Vinseum fue un descubrimiento. Hay que volver.