Los comienzos de la década de los años noventa del pasado siglo eran tiempos de bonanza económica, pero cuando se atisbaba en el horizonte la convocatoria electoral para 1996, el gobierno, presidido por Felipe González, y el PSOE, comenzaron a denunciar lo que consideraban una campaña mediática de acoso al gobierno socialista, mientras que desde la tribuna parlamentaria José María Aznar repetía el "váyase señor González", pero evitaba plantear una moción de censura.
Eran tiempos de tranquilidad social, pero también los años en los que salieron a la luz los casos Roldán, Filesa, los GAL…, y aunque Felipe González no estaba personalmente acusado de nada, los medios y los adversarios políticos lo señalaban como el inductor de la guerra sucia y beneficiario de la corrupción, tratando de terminar políticamente con González y con su gobierno. Llegaron las elecciones de 1996 y José María Aznar se convirtió en presidente del gobierno a principios de mayo, pasando el PSOE a la oposición, y las campañas mediáticas de crítica a la acción gubernativa cesaron.
El 23 de febrero de 1998 saltó la verdad y el escándalo. En una entrevista concedida al semanario Tiempo, Luis María Ansón, ex director de ABC, le contaba a Santiago Belloch que desde 1993 se reunían periódicamente los responsables de distintos medios de comunicación, que llegaron a la conclusión de que "había que terminar con Felipe González", recurriendo a una táctica de "acoso y derribo" del gobierno. Derribar a González era lo importante, incluso, pese a poner en peligro "la estabilidad del propio Estado", como como reconocía Ansón, quien también explicaba que "si González hubiera ganado las elecciones de 1996, con la bonanza económica no hubiera habido quien lo echase del poder hasta el 2004".
La historia es terca y se repite. Vivimos también una época de mejora económica dirigida por un gobierno de coalición que ha logrado avances sociales impulsaos, en muchas ocasiones, por la presión de partidos a la izquierda del PSOE, comenzando por Sumar, como socio de gobierno. Pero lo cierto es que la tasa de paro ha caído por debajo del 10% por primera vez desde 2008 y se ha logrado un récord de afiliados a la Seguridad Social, con más de 22 millones; la economía española ha crecido más del doble que la media europea; las pensiones han subido, con un incremento, en el caso de las mínimas, cercano al 40%; el Salario Mínimo Interprofesional ha pasado de los 735,90 euros de la época de Rajoy (2018) a los 1.221 euros actuales, lo que supone una subida cercana al 66% en ocho años; y la “hucha de las pensiones”, que Rajoy dejó casi vacía (unos 5.000 millones) ya se ha triplicado, superando los 15.000 millones de euros.
Es cierto que quedan problemas acuciantes, fundamentalmente el de la vivienda, pero la gestión económica del gobierno de coalición es elogiada por medios de comunicación extranjeros, mientras que en España apenas se comenta. Los medios se centran en la corrupción, en los casos Ábalos, Koldo y Cerdán, y ahora el de Zapatero, sin que se olviden de mencionar un día sí, y otro también los supuestos casos de Begoña y el hermano de Sánchez.
La derecha política y mediática, con la ayuda de parte de la judicatura, ha logrado que los españoles centren su atención y sus comentarios en la hipotética corrupción que dirige Sánchez desde La Moncloa, mientras que esa misma derecha política, judicial y mediática, silencia y alarga hasta el infinito los casos que afectan al PP, ahí están las investigaciones sobre la Gurtel, Kitchen, Montoro, González Amador..., por poner un ejemplo, ¿para cuando el informe de la UCO sobre la pareja de Ayuso?
La historia parece que se repite, con un elemento curioso añadido: Felipe González, que denunciaba en 1994 y 1995 el acoso a su gobierno, en una ejercicio de hipócrita amnesia, se ha convertido en ariete fundamental de la derecha española contra Pedro Sánchez y el gobierno de coalición.

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